FELICES PASCUAS 2011

Carta a los religiosos de la Congregación
y a toda la Familia Pasionista

Hermanos de la Congregación, Religiosas y Laicos de la Familia Pasionista,

Os hago llegar a nombre del Consejo General y de la comunidad de los SS. Juan y Pablo, nuestros deseos de una Feliz Pascua en Jesús Crucificado y Resucitado. La Pasión de Jesús que revivimos en la liturgia de la Semana Santa nos llena, junto con nuestro Fundador, el corazón y la mente de estupor y de amor doloroso: el misterio pascual, en efecto, es el centro de nuestra vocación de bautizados y de pasionistas, religiosos y laicos.

Recorreremos los ritos, ya conocidos y habituales, pero que cada año pueden ser nuevos. Inmersos en ellos y recorridos con Jesús pueden hacernos meditar para aplicarlos en nuestra vida. Podremos reconocernos en las posiciones de los personajes que son parte de la Pasión de Jesús con sus debilidades y reticencias, en la oposición obstinada del Sanedrín; nos sentiremos desconcertados por la traición desesperada de Judas y sentiremos seguridad por la acción de Pedro purificado por el llanto y el perdón solicitado y alcanzado. Nos conmoverá el silencio profundo de María a los pies de la Cruz y la muerte de su corazón de madre. Muchos podrán ser los sentimientos, las reflexiones y las decisiones de cambiar vida, de quitarnos a nosotros mismos del centro de la propia vida contemplando a Jesús en la Cruz. Él no se preocupó por preservarse a sí mismo, sino que puso a los demás como objetivo de sus propios intereses y de su amor. Sumerjámonos en la Pasión de Jesús y reavivemos nuestra vida y nuestras opciones de cada día, nuestras relaciones de comunidad y, si somos laicos, nuestras relaciones de familia. Dejémonos lavar por su sangre para ser purificados: “Tanto he deseado comer esta Pascua con ustedes”, dice Jesús a sus discípulos y lo repite a nosotros en esta Pascua del 2011.

La Última Cena con la Eucaristía, el lavatorio de los pies a los discípulos, el anuncio de la traición de uno de ellos”, son parte del camino que llevará a Jesús al sudor de sangre en el huerto de los olivos. Jesús, Hijo de Dios e hijo del hombre por la encarnación, ora y suplica al Padre para que aleje “el cáliz” del sufrimiento y del martirio que se está aproximando. Será hecho prisionero y rechazado por su mismo pueblo. “Si éste no fuera un malhechor no te lo habríamos entregado”, responderán a Pilatos con arrogancia los testigos de sí mismos como si dijeran: “el hecho de que te lo hayamos presentado es ya una garantía de su culpabilidad, dado que nosotros somos justos y rectos.”

No encuentro en él ninguna culpa”, les gritará Pilatos, pero débilmente, después lo mandará flagelar no obstante haberlo reconocido inocente: “Presentaré mi dorso a los que me golpean” había profetizado Isaías. Pilatos lo presentará de nuevo delante de ellos flagelado y con una corona de espinas sobre la cabeza: “He aquí el hombre”, casi como diciendo: que cosa teméis, mirad como ha terminado este hombre. Pilatos buscaba su compasión. Se cumplía cuanto había ya visto Isaías en la profecía siglos atrás: “He aquí mi Siervo…  muchos se escandalizaron de él, de tal manera era desfigurado su aspecto… no tenía presencia ni belleza… despreciado, repudiado de los hombres, hombre de dolores.” Es el último intento de Pilatos para provocarles piedad, pero ellos gritan todavía más fuerte: “¡Fuera, fuera, Crucifícalo!” Y finalmente para satisfacerlos y con cálculo político, Pilatos se los entregará para que sea crucificado. Jesús caminará hacia el Calvario con la Cruz a cuestas, él, Samaritano y víctima, aliviará con el ungüento de su sangre nuestras heridas del alma. Llegados al Calvario lo extienden sobre el leño que llevaba, lo crucifican, lo levantan sobre la Cruz. Poniéndolo en medio de dos malhechores crucificados con él, el mensaje debe ser claro: es un malhechor entre los malhechores. Solo uno de los crucificados con él lo reconocerá como Hijo de Dios y rey. “Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Éste hombre manifiesta una fe que va más allá de la sangre, más allá de los clavos, más allá de los ultrajes: “Baja de la cruz y creeremos en ti”, no tiene necesidad de que Jesús baje de la cruz, lo reconoce aún colgado de la cruz y agonizante como él. Unirá su fe a la de María, la Madre de Jesús, a la de Juan, a la de la Magdalena y a la del Centurión que profesa: “Éste era verdaderamente Hijo de Dios”. Sin embargo la Pasión de Jesús no termina con el derramamiento de sangre, sino con la soledad y el abandono del Padre que duelen más que los clavos: “¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!” Jesús experimentó y sufrió el abandono del Padre para que nosotros volviéramos a estar unidos como pueblo de Dios. Después, finalmente, “todo se ha cumplido”. “Padre en tus manos entrego mi espíritu” y Jesús expiró. Cayeron las tinieblas sobre toda la tierra. Después, como una semilla caída bajo la tierra, lo depositaron en una tumba que cubrieron con una piedra. No bastarán los guardias ni los soldados, la vida y el amor prevalecerán. La semilla muerta germinará: ¡Es la Pascua!, ¡Cristo ha resucitado! El domingo de Ramos con el ‘Hosanna al Hijo de David’, se junta con el domingo de Resurrección y con el anuncio del Ángel a la entrada de la tumba vacía: “Ha resucitado no está aquí… no busquéis entre los muertos al que está vivo”.

¡Señor!”, lo reconocerá María Magdalena; “El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón” “¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”, se preguntaban los dos discípulos que retornaban de Emaús a Jerusalén.

La resurrección de Jesús es la certeza de que una nueva vida es posible ya sea para cada uno de nosotros personalmente, ya para la Congregación, ya para las comunidades y para las familias de los laicos. El mismo proceso de Reestructuración se ve iluminado por la luz de la tumba vacía y su mensaje de novedad de vida.

En efecto, la resurrección de Jesús es un evento extraordinario que infunde seguridad; ¿qué cosa existe que sea más cerrado e insuperable que una tumba? Todas las esperanzas estaban muertas la tarde del viernes santo. Así parecía, pero por el contrario, todo era posible y puede serlo todavía aún en nuestra misma vida. Es necesario no perder la confianza y creer.

Él, Jesús, nos ha precedido y camina con nosotros.

¡FELIZ PASCUA! Reconozcamos al Señor Resucitado mientras nos habla por el camino de nuestros días y démosle nuestro testimonio con la caridad mutua y con la solidaridad hacia los más pobres y hacia los que están en dificultades con la vida y con la sociedad.

Un recuerdo especial para los religiosos y para los laicos de la Familia Pasionista enfermos que estás viviendo en carne propia la Pasión de Jesús; un estímulo especial a los jóvenes que están iniciando su vida entre nosotros: sed fieles a la llamada, no miréis atrás. ¡Jesús ha vencido la muerte, verdaderamente ha Resucitado! Un saludo fraterno a los Obispos Pasionistas, a las claustrales Pasionistas que nos siguen en la oración y en la penitencia, a las Congregaciones que están afiliadas con nosotros por el mismo carisma. Un recuerdo afectuoso y una oración a los treinta días del fallecimiento de Isabella Caponio, laica apasionada de la Familia Pasionista que celebrará con Jesús resucitado su primera Pascua en el cielo.

¡FELIZ PASCUA A TODOS!

                                                                               P.Ottaviano D’Egidio, Superiore Generale cp

Ritiro dei SS. Giovanni e Paolo, 17 aprile 2011 

Domenica delle Palme