LA BASÍLICA DE LOS SANTOS JUAN Y PABLO

P. Tito Paolo Zecca

     El Coelius Maior (Celio Mayor) durante varios siglos permaneció como una colina casi completamente deshabitada. Allí pastaban los rebaños entre las huertas y las viñas. La basílica, ubicada en la antigua colina, a la izquierda del antiguo Clivo di Scauro, surgió sobre la casa de los hermanos Juan y Pablo quienes eran oficiales romanos muy influyentes en la corte y martirizados a causa de su fe cristiana el 26 de junio del 362 en la época del emperador Juliano el Apóstata (+ 363). Las habitaciones de esta casa representan un unicum en la historia de la arqueología romana. En ellas se conservan rastros del primitivo culto cristiano junto a otros vistosos vestigios del arte antiguo. Después de la muerte de los hermanos, fueron depositados allí otros mártires cristianos: Crispo, Crispiniano y Benedicta. La veneración de los santos mártires de la colina del Celio se concretizó, a finales del siglo IV, en un edificio cultual ad corpora construido por el senador Bizancio. Posteriormente el hijo del senador, Pammachio (+410) amigo de san Jerónimo, desarrollo el edificio en forma basilical magna et valde formosa (grande y muy bella) como recita el Itinerario de Salisburgo, que después fue saqueada y reducida a ruinas en el 410 en la época de los Visigodos. Durante los siglos VI y VII fue muy frecuentada por piadosos peregrinos. A través de los tiempos la basílica recibió numerosos beneficios, uno de ellos fue la inscripción de los nombres de los oficiales mártires en el Canon Romano. En Roma se encontraban otras dos iglesias dedicadas a los mártires celimontanos. Una de estas se encontraba en la colina del Gianicolo, la otra, a la que se le añadió un monasterio, fue edificada por san León Magno hacia el año 440 en la zona donde actualmente se encuentra del crucero de la nave de los ss. Proceso y Martiniano en la basílica de san Pedro.
     Los sacerdotes Proclinus y Ursus fueron titulares de la basílica durante el pontificado del papa Inocencio I (+417). Posteriormente lo fueron cuatro presbíteros, dos con el título de Bizancio y dos con el de Pammachio (estos participaron en el sínodo romano del 499). Según el catálogo de Pietro Mallio, escrito durante el pontificado del papa Alejandro III (+1181), el título de la basílica estaba unido a la de la basílica de San Lorenzo extramuros y sus sacerdotes celebraban la misa por turnos. La basílica fue restaurada varias veces, de esto se ocuparon personajes como el papa Símico en el siglo V y León III cuando el culto de los mártires celimontanos ya se había difundido en toda la Iglesia. Se tiene el testimonio de un tal Maximino que era lector y que murió en el 567, éste a sus 20 años ejercitaba su ministerio en esta basílica. El servicio litúrgico estaba asegurado gracias a una pequeña comunidad canónica (o monástica) en los siglos que bordearon el año 1000.

     El año 1118 fueron terminados los trabajos de restauración de la basílica y de ampliación del monasterio, estos trabajos fueron ordenados por el cardenal titular Teobaldo, durante el pontificado del papa Pascual II (+1118) debido a los daños causados por los Normandos de Roberto el Astuto. Además del desgaste ordinario del templo, varios terremotos hicieron daños relevantes. La construcción del pórtico iónico (8 columnas con capiteles iónicos), se remonta al siglo XII (fue construido en sustitución del antiguo atrio conocido como nártex), el ábside fue completado por el cardenal Juan de los Condes de Sutri (1216) y por Adriano IV. El campanario fue edificado en 115.
     Otra profunda e importante restauración se realizó en 1718 (por los arquitectos Antonio Canevari y Juan Andrés Garagni del Piamonte), aquí se confirió la forma actual de la basílica en su interior; estos trabajos fueron ordenados por el cardenal Fabricio Paolucci (+1719) con los que cambió radicalmente la forma “abierta” y muy luminosa de la basílica paleocristiana. Esta transformación ya había sido iniciada por el cardenal Philip Howard en el siglo anterior.
     El interior de la basílica es amplio y majestuoso dividido, por columnas, en tres naves. El piso es cosmatesco. A pocos metros de la entrada, en la nave central, una lápida de mármol recuerda el lugar subterráneo del martirio. Las reliquias de los ss. mártires reposan bajo el altar mayor en una preciosa urna de granito (pórfido). En la nave derecha se construyó durante la segunda mitad del siglo XIX una fastuosa capilla donde se conservan las venerables reliquias de San Pablo de la Cruz (+1775). A lo largo de las naves se pueden observar varios monumentos fúnebres. En la nave izquierda, detrás del altar del SS. Sacramento, se conservan frescos murales del siglo XII.
     Finalmente, en la primera mitad del siglo pasado, gracias a la munificencia del cardenal titular Francis Spellman, arzobispo de New York (+1917), las fachadas de la basílica y del antiguo monasterio se reportaron a su antiguo esplendor. Los ambientes subterráneos, también restaurados, pueden ser visitados por la puerta que esta a la altura del antiguo oratorio del Crucifijo en la calle llamada Clivo di Scauro.