EL COMPLEJO MONÁSTICO DE LOS SANTOS JUAN Y PABLO (400-1773)

P. Tito Paolo Zeca

     Encima de la domus, en cuyos subterráneos fueron masacrados los hermanos cristianos Juan y Pablo en tiempos de Juliano el Apóstata (+363), fueron construidos, primero un oratorio y después una basílica. Junto a ésta surgió también un complejo habitacional para acoger a los encargados del culto de los mártires y del cuidado de los lugares sagrados. Ignoramos prácticamente todo lo que sucedió antes del año 1000 acerca de estas edificaciones y de sus encargados que, probablemente fueron constituidos como un canonicato. Sabemos que las primeras habitaciones fueron edificadas en el lado norte junto a la basílica, de ellas han quedado poquísimas ruinas mezcladas con las estructuras basilicales y las construcciones posteriores. La documentación es mayor después del año 1118 cuando se terminaron los trabajos de reconstrucción y ampliación del monasterio que creció al lado del campanario, trabajos en los que su usaron las poderosas estructuras subterráneas del Claudianum. La casa es obra del titular, el cardenal Teobaldo, en tiempos del papa Pascual II (1099-1118) ya que la basílica y el monasterio habían sido gravemente dañados durante el saqueo de las milicias de Roberto el Astuto en el año de 1084. Se hicieron modificaciones al estilo precedente, siguiendo el cisterciense; fue la jurisdicción del clero de la basílica de la abadía de Casamari quien nos ha provisto de preciosas indicaciones que nos han permitido conocer el estilo monástico de la comunidad que residía en el monasterio. En el siglo XV, periodo de una grave decadencia de la Urbe, la basílica y el monasterio cayeron en un grande abandono.
    &nbspLos monjes supervivientes, impotentes de salvar del decaimiento tanto la basílica como el monasterio, fueron sustituidos por los hermanos Jesuatos del beato de Siena Juan Colombini y esto por órdenes del cardenal titular Latino Orsini. El beato Antonio Bettini (+1487) fundó y sostuvo la que sería la primera comunidad del Celio. Los Jesuatos residieron allí de 1454 a 1668 desarrollando las actividades típicas de su movimiento (posteriormente transformado en una Orden), que eran la asistencia y las obras de caridad para los más pobres y necesitados, especialmente en ocasión de epidemias y hambrunas (se les llamaba: “los Padres del agua viva”, por la solución líquida que habían confeccionado y que usaban como desinfectante y aromatizante). Entre los años 1624-1630 la comunidad llegó a tener unos 50 religiosos. El monasterio tenía dos patios, un huerto, un jardín, dos pozos y una cisterna más otras adiciones de terrenos y casas que se les iban dotando.
     Un grupo de Monjas Filipinas habitó aquí de 1668 a 1671. Después, de 1671 a 1697 los PP. Dominicos ingleses. Los Jesuatos fueron suprimidos en 1668 por Clemente IX, pero quedaron allí poquísimos padres hasta el arribo de los Lazaristas (1697-1773).
    &nbspLos Dominicos ingleses fueron llamados a la casa de los Ss. Juan y Pablo por el Cardenal Filippo T. Howard de Norfolk O.P. (+Roma, 17 de junio de 1694) para que fundaran un colegio, pero no se hizo nada. Howard aportó notables cambios a los edificios monásticos, especialmente en la zona de la actual portería.
     Inocencio XII, Pignatelli, donó la casa de los Ss. Juan y Pablo a los hijos de s. Vicente de Paul llamados Lazaristas o Padres de la Misión, «para educar a jóvenes estudiantes seminaristas -teniendo allí el noviciado y otras funciones que requerían un mayor retiro». La casa incluía jardines y buenas rentas para asegurar la vida de la comunidad que estaba compuesta sobre todo por religiosos de primera formación; con ello se quiso garantizar el servicio a la basílica y a los ejercitantes que aquí acudían. Al inicio la comunidad tenía 19 religiosos (sacerdotes, estudiantes y religiosos hermanos).
     Finalmente, en 1773 llegaron aquí los Pasionistas, ya que después de la supresión de la Compañía de Jesús, los PP. Lazaristas habían optado por cambiarse a la sede de San Andrés en el Quirinal, de allí fueron transferidos posteriormente a San Silvestre en el mismo Quirinal.
     El 9 de diciembre de 1773 tomaron posesión del vetusto edificio, Pablo de la Cruz y 17 religiosos que, precedentemente residían en el hospicio del ss. Crucifijo (situado al lado izquierdo de la vía de S. Juan de Letrán, poco antes de desembocar en la plaza del mismo nombre). Estos iniciaron inmediatamente a seguir el horario comunitario según las Reglas del Instituto.
     Además de atender los servicios de la basílica y de recibir a los ejercitantes, los religiosos de la comunidad celimontana se dedicaron al servicio de toda la Congregación dado que se convirtió en Casa General. Con todo, no descuidaron la predicación, tanto en las ciudades como en los pueblos del campo romano y prestaron servicios en el vecino hospital de San Juan. Eran muy solicitados por todas partes y fueron siempre muy estimados y apreciados.

 

 

LA COMUNIDAD PASIONISTA DEL CELIO

P. Tito Paolo Zeca

     Era la tarde del 9 de diciembre de 1773 cuando san Pablo de la Cruz, junto a sus colaboradores más cercanos, entró en el complejo basilical-monástico de los Ss. Juan y Pablo del Celio. Estaban llegando a vivir en un sitio cristiano perteneciente a los más antiguos y venerables de Roma. Anteriormente desde 1768, Pablo y su pequeña comunidad estuvieron alojados en el Hospicio del S. Crucifijo situado en la vía de San Juan de Letrán. En 1747 se proyectó tener una presencia estable en la gran Urbe utilizando la Iglesia de Santo Tomás in Formis con el convento anexo de los PP. Trinitarios, pero no se pudo realizar. Pablo visitó por primera vez la Ciudad Eterna en el otoño de 1721 cuando, lleno de entusiasmo, se dirigió al Palacio del Quirinal, donde residía el papa, para buscar que fuese aprobada la regla y el instituto de los “Pobres de Jesús”.
     El P. Vicente M. Strambi, que también era parte de la comunidad (+1824), se ocupó de organizar el estudiantado y de dar normas a los ejercitantes que comenzaron a llegar al Celio. Varios religiosos sirvieron como capellanes en el hospital de San Juan. En ese tiempo la zona del Celio estaba casi despoblada. Los terrenos circundantes estaban ocupados por huertos, viñas y pastizales.
     La ocupación francesa del Estado Pontificio (1798) fue un evento traumático que repercutió pesadamente en la comunidad celimontana. Por varios años el retiro permaneció abandonado del todo. Solo se pudo restablecer la comunidad con el retorno del papa Pío VII a la Urbe y la recuperación del Estado Pontificio a partir del 26 de junio de 1814. Este periodo se distingue por un alto fervor comunitario y un enorme empeño apostólico. La Congregación se expandió más allá del Estado Pontificio y de la península italiana. El P. Antonio Testa (+1862) fue el artífice de esta creciente actividad dirigiendo desde el Celio a la Congregación con mano firme e iluminada inteligencia. Los Pasionistas desempeñaban sus actividades típicas tanto en la ciudad como en el agro romano e incluso en zonas infectadas por la malaria. Frente a la portería del retiro se reunían multitudes de pobres a los que se les repartía el pan y, en ciertos periodos, incluso una comida caliente.
     La comunidad del Celio tuvo que afrontar otra gran prueba con el fin del Estado Pontificio y la toma de Roma por parte del ejercito Saboyano (20 de septiembre de 1870). Afortunadamente se alejó el fantasma de la supresión de la comunidad debido a que el Vicariato de Roma reservó el retiro como casa de ejercicios espirituales. Loa acuerdos Lateranenses (1929) confirmaron esta característica de la casa celimontana. Entre las personalidades más sobresalientes que vivieron en el Celio en las últimas décadas del siglo XIX, brilla con especial luminosidad el beato Bernardo Silvestrelli (+1911) quien, siguiendo el camino trazado por su predecesor, el p. Antonio Testa, promovió la expansión de la Congregación siendo fiel a los orígenes del Instituto. Otros religiosos sobresalientes de la comunidad recordados en este periodo fueron los venerables p. Nazareno Santolini (+1930), p. Norberto Cassinelli (+1911) y p. Germán Ruoppolo (+1909). Mas cercano a nuestros tiempos sobresale por santidad de vida y servicio humilde e infatigable, el venerable hermano Gerardo Segarduy (+1962), portero del retiro celimontano por muchos años. Entre los años ’30s y ‘60s de este siglo se realizaron algunas ampliaciones necesarias para asegurar una mayor funcionalidad a la casa general. Entre los años ‘50s y ‘70s encontramos presentes en el Celio, entre otros, al superior general, siervo de Dios p. Teodoro Foley (+1974), a grandes intelectuales como a los pp. Gerardo Sciarretta, Enrico Zoffoli, Paulino Alonso Blanco (+2007), Fabiano Giorgini (+2008), además a religiosos que prestaron su servicio en los dicasterios de la Santa Sede como el p. Ladislao Ravasi. Todavía hoy la comunidad de los Ss. Juan y Pablo es el punto de referencia para todos los componentes de la Familia Pasionista.