“Redencion”

The Province of the Sacred Heart of Jesus of Spain released issue No. 871 of the Passionist magazine entitled “Redencion” dedicated to the family and to the pastoral activities of the Passionists. In February, the topic of the issue is immigration, viewed not a problem but as an opportunity for growth and social progress for those who welcome and live with immigrants and their children. Among the articles there is a reflection on the understanding of good and evil, a dossier on the problem of anorexia and an interesting guide book to explain in 26 letters in the next World Youth Day in Madrid. 
The magazine is available on the website of the Congregation. 
The following is the Spanish-language editorial. 

 Editoriale: Inmigrantes, ¿un problema? 

Namorarse y casarse también trae sus problemas; y construirse un chalet. Los problemas se resuelven con un poco de inteligencia práctica; y la vida avanza, y el progreso. Los inmigrantes traen muchos problemas, es cierto; como los hijos. Pero la riqueza que aportan es mayor. No es bueno considerarlos como carga a soportar o problemas -y desde ahí hacer cálculos-, sino como un gran valor que enriquece a la pareja y la ayuda a madurar. Occidente está quedándose sin hijos, por un deseo calculado de evitarse problemas que interfieran en su confort y el disfrute de la vida a su antojo. Se impuso el lenguaje negativo de que “un niño cuesta”, en lugar de anteponer el lenguaje positivo “un niño vale”. Los inmigrantes, como los niños, no pueden verse en primer lugar y, sobre todo, como gasto en el presupuesto familiar o nacional, ni como mano de obra barata y, menos, como intrusos y amenaza. 

El problema somos nosotros. El problema del hambre no lo han creado los hambrientos; lo originamos, o al menos lo mantenemos, nosotros. Véanse, por ejemplo, las leyes del libre comercio, ¿en beneficio de quién?, y ¿con perjuicio de quién? Pero no quiero hacer balance de “Haber y Debe”, no quiero enconar las heridas rascando el prurito de la memoria histórica: ¿a qué fueron las potencias europeas a los continentes que luego hemos llamado países del “tercer mundo”?

Los emigrantes e inmigrantes son una oportunidad de crecimiento, si sabemos tomar en serio deel hecho migratorio en nuestros días. Me gusta repetir una evidencia: “las diferencias con amor, fecundan; las diferencias sin amor son una amenaza o se devoran”. Los hombres podemos educarnos para el encuentro y cultivar pensamientos y actitudes de colaboración y unión, o fomentar ideologías xenófobas, de desencuentro y enfrentamientos, y terminar devorándonos. No se puede negar que la inmigración tiene repercusiones en muchos niveles sociológicos, económicos, laborales, culturales, religiosos…, que no podemos pasar por alto; pero también conviene recordar que con su trabajo y sus valores culturales los inmigrantes están contribuyendo al progreso -y pueden hacerlo mucho más- si ellos y nosotros somos capaces de llegar a una convivencia estable sin recelos mutuos. 

No es fácil para ninguna de las dos partes. Desde la Iglesia se está advirtiendo que es necesario afrontar el tema más allá de la simple acogida humanitaria de urgencia y de colocación laboral, como si la situación de las personas quedara resuelta con esos mínimos de supervivencia. Por eso conviene avanzar en el lenguaje y pasar de una mentalidad de acogida a otra de integración, por la cual el extranjero se convierta en ciudadano de pleno derecho y con los deberes correspondientes, aunque tenga un origen, raza, cultura o religión diferentes. Estamos en un ciclo nuevo en la larga historia de la humanidad: el de la globalización y la aldea global, el del pensar en el planeta tierra como la casa común. Desde esta visión que se impone por la fuerza de los hechos, todas las guerras son ya guerras civiles, domésticas. Y en las guerras civiles perdemos todos -y más, los más pobres-, y cuesta generaciones cerrar las heridas abiertas que todos las sufriremos.