Esta Carta de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica invita a todos los consagrados, religiosos y religiosas, a reflexionar sobre el tiempo de gracia que se nos ha dado y que debe ser experimentado como un «encuentro de salvación que transforma nuestra vida». Es una invitación a dejar de lado «los razonamientos institucionales y las justificaciones personales». Esta carta se basa en la reflexiones del Papa Francisco, especialmente en su Exhortación Apostólica «Evangelii Gaudium».

La carta consta de tres partes:

  • La primera parte se refiere a la alegría evangélica como «la belleza de la consagración». «Donde están los consagrados, siempre hay alegría». La carta nos conduce a través de la Sagrada Escritura y nos invita a descubrir el significado de la alegría que implica «un regocijo pleno que abraza a la vez el pasado y el futuro». «La alegría es el don mesiánico por excelencia».
  • La segunda parte invita a los Consagrados a llevar esta alegría al pueblo de Dios. «La alegría de llevar la consolación de Dios». «Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo esperan una palabra de consolación, de cercanía, de perdón y de alegría verdadera. Somos llamados a llevar a todos el abrazo de Dios…».
  • En la tercera parte el Papa Francisco nos ofrece varias preguntas para nuestra reflexión personal, comunitaria e institucional:
    • «¿Dónde nace la alegría?»
    • «¿Tienes un corazón que desea algo grande o un corazón adormecido por las cosas?»
    • «Esta es una responsabilidad, ante todo, de los adultos, de los formadores: Dar un ejemplo de coherencia a los más jóvenes. ¿Queremos jóvenes coherentes? ¡Seamos coherentes nosotros!»

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