Conclusión de la novena de oración por la causa de Canonización del Beato Domingo Barberi.

Basílica de los Santos Juan y Pablo, Roma, Italia

El sábado 5 de marzo de 2016, Mons. Bernard Longley, Arzobispo de la Arquidiócesis de Birmingham (Inglaterra), concluyó la novena de oración con una peregrinación a Roma y con la concelebración de una misa en la capilla de S. Pablo de la Cruz.

El objetivo de esta novena era implorar a Dios un nuevo milagro que ayude a la canonización del Beato Domingo. En esta ocasión el P. Joachim Rego, Superior general, participó junto con el arzobispo en la misa y le dio la bienvenida en la Casa General. Participaron también en la misa varios miembros de la comunidad pasionista y del clero de la diócesis de Birmingham, lo mismo que varios seminaristas del Colegio Inglés de Roma.

En la homilía, el P. Julian Booth, del clero de la archidiócesis y promotor de la causa del Beato Domingo de parte de la diócesis, ofreció una reflexión sobre la vida del Beato Domingo a la luz de este año jubilar: “Durante este año de la Misericordia, siguiendo las indicaciones del Papa Francisco, nos estamos concentrando en renovar nuestra estima por el sacramento de la Reconciliación… el Beato Domingo tenía en alta estima el ministerio de la confesión, haciéndolo una parte integrante de su programa de misiones parroquiales, que inició a predicar en el año de 1844. Para él, escuchar las confesiones era, de veras, una obra de amor, por ella, la mies era más grande y él se sentía más satisfecho. El éxito de su apostolado en el confesionario se debía al hecho de que él mismo era un penitente ejemplar. Tenía la capacidad de hacer sentir serenidad a la gente y siempre fue un confesor amable y paciente”. Al final concluyó: “En el Beato Domingo vemos la santidad de vida expresada en la predicación de Cristo crucificado, en sus largas vigilias de oración y en el ofrecimiento que hizo de su vida al apostolado. El Concilio Vaticano II se concentró sobre la renovación pastoral y en la promoción de la unidad de los cristianos. Estos dos eran los ideales del Beato Domingo. Su canonización provocaría un impulso renovado y una nueva atención sobre la llamada a la unidad de los cristianos y una profundización en la renovación espiritual de la Iglesia, de su clero, de los religiosos y de los laicos… Pidamos a María, Madre de Dios, a quien tanto amó el Beato Domingo, que una sus oraciones a las nuestras por esta intensión ya que a ella la invocamos juntos todos los Pasionistas bajo el título de María, Madre de la Santa Esperanza.”.

 

sbaldon