Carta de saludos por la fiesta de S. Pablo de la Cruz

Queridos hermanos de la Congregación, hermanas y
hemanos de la Familia Pasionista, es siempre bello y familiar
encontrarse juntos en el espíritu y, donde es posible, reunirse en las
comunidades y en las familias para celebrar y gozar juntos en ocasión
de la celebración de la fiesta de Nuestro Santo Padre S. Pablo de la
Cruz a quien amamos porque es nuestro Padre, pero lo amaríamos aunque
no fuera nuestra Padre, lo amaríamos por lo que es y por lo que Dios ha
obrado en él. 
Lo amaríamos por el don del carisma que recibió de Dios y
que la Iglesia reconoció como auténtico y que transmitió después a
todos nosotros en nuestra vocación: la centralidad de la Pasión de
Jesús en la vida y en la misión de la Congregación pasionista y de los
laicos que nos han sido confiados como familia espiritual.

Me conmuevo siempre que vuelvo a leer la poesía que Camilo Sbarbaro
dedicó a su padre:

Padre, aunque tú no fueras mi padre,
aunque si fueras para mí un extraño,
entre todos los hombres,
por tu corazón de niño te amaría.

Son solo algunas palabras de una bella poesía de amor y de profundo
afecto del poeta Sbarbaro hacia su padre. El afecto que él siente por
su padre es un preludio de los indisolubles lazos de sangre. Evocación
plena de una ardiente nostalgia con versos simples pero significativos.
Todo gira y se concretiza en torno a estos versos: “Aunque si fueras
para mí un extraño, por ti mismo igualmente te amaría” (aunque si tú no
estuvieras ligado a mi por los vínculos de sangre, te amaría igualmente
por el delicado sentir de tu alma). Esto mismo lo podemos decir
nosotros a S. Pablo de la Cruz con espontanea sinceridad aunque si no
fuera, pensándolo absurdamente, nuestro Fundador. Lo amaríamos por su
sensibilidad hacia los crucificados de este mundo en los que reconocía
al mayor Crucificado de la historia, Jesús, que es la expresión más
“estupenda” del amor de Dios y que supera en amor y en extraordinaria
belleza al mismo esplendor de la creación.

Lo amaríamos por su corazón misionero tan enamorado de Dios que se
dedicó a proclamarlo incansablemente con la predicación de innumerables
Misiones populares y Ejercicios espirituales, con la Dirección de almas
y con la escritura de tantas Cartas dirigidas a laicos, laicas,
religiosos, religiosas y eclesiásticos; escribió más de 12 000 cartas
de las que conservamos unas 2500. Quedamos sorprendidos por este gran
número teniendo en cuenta las dificultades objetivas del tiempo en el
que las escribió: por las noches se escribía a la luz de una lámpara de
petróleo o de grasa de animales; la oración comunitaria era muy intensa
y requería varias horas, la predicación de Misiones populares y de
Ejercicios espirituales era muy frecuente y prolongada exigiendo viajes
a pié o en carretas jaladas por caballos o mulas. ¿Dónde y cuándo
encontraba el tiempo para escribir? Parece una empresa imposible. Toda
su vida es una sorpresa por las dificultades que existían en los
inicios de la historia de la fundación de la Congregación y por lograr
mantener siempre viva la presencia de Dios en su vida y en la de
aquellos que de cualquier manera tenían contacto con él. Desde sus
cartas nos revela su profunda y mística relación con Dios a la que
favorecía el entorno típico de la vida pasionista donde la soledad y el
silencio, siempre apreciados y custodiados, permitían la contemplación
y la oración.

Las virtudes del desapego de sí mismo y de las cosas y la pobreza, que
descubría en sumo grado en la Cruz de Jesús, debían ser apreciadas en
las comunidades pasionistas y en la vida personal de cada uno de los
religiosos, de los laicos y las religiosas que guiaba como Padre
espiritual. Su vida ha sido una continua enseñanza para nosotros y para
los fieles: un testamento que duró 82 años.Por esto nosotros lo
amaríamos aunque si no fuera nuestro padre, lo amaríamos por lo que ha
sido, por el canto de amor que fue siempre su vida no obstante las
dificultades que vivió en la fundación de la Congregación. La suya fue
una vida de fe que se tradujo en obras con la caridad.

De alguna manera podemos encontrar todo esto en el Motu Proprio del
Papa Benedicto XVI, Porta Fidei (La Puerta de la Fe), con el que ha
convocado el Año de la Fe el pasado 16 de Octubre, tres días antes de
la Fiesta de nuestro Fundador: es sorprendente constatar cómo S. Pablo
de la Cruz está en armonía y lo podemos reconocer en su espiritualidad
y en sus opciones dentro del texto que escribió el Santo Padre. La
santidad auténtica es verdaderamente universal. S. Pablo de la Cruz nos
bendiga a todos y nos ayude en el camino de santidad ya que, como él
nos ha demostrado con el ejemplo, ser santos es posible, pero esto solo
puede suceder si, como él, ponemos a Dios en el primer lugar y a las
demás como opción prioritaria en nuestra vida, especialmente a los más
pobres y a los que están en dificultades: Nuestro Fundador veía el
nombre de Jesús escrito en sus frentes. Nosotros no podemos ser ciegos.

A nombre del Consejo general y de la Comunidad de los SS. Juan y Pablo,
deseo a todos los religiosos, religiosas y laicos de la Familia
pasionista, con un especial recuerdo por los enfermos y por los que se
sientes solos y abandonados, una Feliz Fiesta de S. Pablo de la Cruz:
Que Dios sea vuestra fuerza.

Amén.

Fraternalmente.


P.Ottaviano D’Egidio, Superior General cp

Retiro de los SS. Juan y Pablo 
Roma, 18 de Octubre de 2011 

Fiesta de S. Lucas Evangelista


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