Carta de Convocaci

Queridos hermanos, al inicio del año del Señor 2012, contemplado el icono del amor de María Madre
de Dios que tiene en los brazos a Jesús, envío gozosos saludos a todos los religiosos de la Congregación,
a las Monjas de clausura, a las Congregaciones que comparten con nosotros el carisma
de S. Pablo de la Cruz y a los laicos y laicas de la Familia Pasionista.

Los coros de las multitudes angélicas que cantan la gloria de Dios a los pastores, no nos han
distraído de la contemplación del misterio que se manifestó en Belén con signos claros e inequívocos
en su significado de mensaje e indicación de los caminos amados por Dios. 

La “señal” dada a
los pastores para reconocerlo en el encuentro de un Niño envuelto en pañales y recostado en un
pesebre; el nuevo rey e hijo de David, el Mesías esperado, nace en un lugar pobre, en un refugio
para animales con la sola compañía de María su madre y de José; los primeros destinatarios del
anuncio de Su nacimiento son algunos pastores que velaban cuidando sus rebaños, personas despreciadas
y excluidas. El Sumo sacerdote, los que “saben” las cosas de Dios y los poderes políticos
están lejos.

Jesús nace en la simplicidad y en el contexto de la historia contemporánea de Belén. La ocasión
histórica para que se cumpliera la profecía del profeta Miqueas (5,1) fue la realización de un
censo ordenado por el emperador Cesar Augusto cuando Palestina, uno de los dominios del imperio
romano, tenía como gobernador de la región a Quirino.
Para cumplir la obligación de empadronarse, perteneciendo a la tribu de David, José llevó a
María desde Nazaret hasta Belén, no obstante que Ella estuviera muy avanzada en la gestación y
ya próxima al parto. En efecto “mientras se encontraban allí se le cumplieron los días del alumbramiento
y dio a luz a su hijo primogénito”. (Lc 2,6-7).
Y “el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14).

Es el arraigamiento, el
injerto de Jesús en la historia de su pueblo y de la humanidad “nacido de una mujer y bajo la ley” (Gal 5,5), enviado por el Padre con una misión precisa: “Os ha nacido un salvador que es el Mesías,
el Señor” (Lc 2,11), anuncia el Ángel a los pastores, su Misión es salvar a la humanidad, por esto
se ha encarnado y por esto ha nacido y cumplirá la misión aún a costo del derramamiento de su
sangre y de la entrega de su misma vida.
Y María, más allá de llevarlo en su seno, más allá de amamantar al Hijo de Dios, es colocada
por las palabras proféticas del viejo Simeón en la presentación de Jesús al templo, al flanco de
su misión: “Y a ti una espada te atravesará el alma”.

Sí Jesús será un “signo de contradicción”, lo
podrá comprobar con la contradicción y el rechazo del pueblo que vino a salvar. María deberá
participar en esta misión dolorosa del Hijo. María aparece como madre pero, sobre todo, como la “creyente” que “escucha la palabra de Dios y la pone en práctica”, a ella le ha sido reservado un
camino de oscuridad en la prueba y en el dolor.
Quien cree y ama a Dios se convierte en parte de La Misión que Dios quiere realizar y si
Dios lo busca, se deja encontrar y acepta sus proyectos aún sin conocer los detalles, como María.
También nosotros los Pasionistas, religiosos y laicos, cada uno desde su propia condición,
somos interpelados y llamados a participar en la Misión de la Iglesia que es la continuación de la
Misión de Jesús dentro de la historia y de la realidad del mundo. (Cfr. Hech. 1, 10. 11). 

En este año 2012, que estamos iniciando, entre otras celebraciones, nuestra Congregación
realizará el Capítulo general que es para nosotros un “hoy” especial de parte de Dios que no designa
solo un tiempo cronológico, sino que es un tiempo ofrecido a nosotros, si lo vivimos con fe, con
una especial presencia salvadora de Jesús.
En este tiempo Dios nos manifestará de modo especial sus deseos, nos hará oír su voz, nos
indicará el camino que tenemos que recorrer y si somos capaces de aceptar el “éxodo”, como el
pueblo de Israel que salió de Egipto, Dios realizará sus promesas de salvación. 

Por ello, en este contexto de fe y de encuentro profundo con la realidad del mundo y de la
historia que estamos viviendo como Congregación, convoco con grande esperanza, hoy 6 de Enero
de 2012, según la norma del n°. 76 de los Reglamentos generales, el 46° Capítulo general de
nuestra Congregación.

Será celebrado en Roma, en el Retiro de los Santos Juan y Pablo; iniciará el
domingo 9 de Septiembre y terminará el domingo 7 de Octubre. 

Os recuerdo lo que señalan nuestras Constituciones: “La suprema autoridad en la Congregación
corresponde al Capítulo General…” (n. 126); y el n. 127 añade: El Capítulo general se
reúne para ejercer funciones legislativas y electivas y para promover la fidelidad de la Congregación
a su objetivo común y a su servicio en la Iglesia. Por consiguiente, sus principales responsabilidades
son:

a) Discernir las manifestaciones del Espíritu en los signos de los tiempos, de modo que la
Congregación llegue a ser una fuerza dinámica en constante renovación y adecuada puesta al día.

b) Estimular el desarrollo de la auténtica índole de la Congregación para que aparezca evidente
en cualquier parte en que estén nuestros religiosos.

c) Comprobar el estado en que se encuentra la Congregación y clarificar los objetivos comunes
en lo referente a nuestra vida comunitaria y a nuestra actividad apostólica.

d) Mantener la solidaridad y la unidad dentro de un sano pluralismo.

e) Evaluar la actuación del Gobierno General y si ha puesto en práctica lo programado por
el anterior Capítulo General y el Sínodo General, sin descender a procedimientos administrativos
que dependen del Superior General y de sus colaboradores.

f) Elegir al Superior General y a su Consejo. 

La Congregación a través de los religiosos que participarán en el Capítulo deberá realizar
todas las tareas que se le piden y que son indicadas por el N. 127 como “primarias”: a) Discernir
los signos de los tiempos, vivirlos con dinamismo, en la renovación, como la puesta al día.

Notemos
los adjetivos: fuerte y constante; que en el conjunto se iluminan por el reconocerlos como manifestaciones
del Espíritu, como el deseo de Dios que nos exige la realización de su voluntad en lo que
Él ha comunicado con el lenguaje de los signos de los tiempos.
Jesús en el Evangelio recrimina a sus contemporáneos, los llama sin miramientos “¡Hipócritas!” porque no sabían interpretar o rechazaban el reconocimiento de los signos que revelaban con
claridad la presencia del Reino de Dios en medio de ellos. 

El saber reconocer los signos de los tiempos es un acto de fe. Jesús les recrimina su ceguera y reprende a todos aquellos que viven obstinados
en sus propias certezas y previsiones sin darse cuenta de que en el tiempo que viven está
llegando algo muy importante. ¿No te das cuenta, dice Jesús, que el tiempo ha cambiado? ¿No te
das cuenta de que ha llegado la hora de cambiar la propia vida, que es hora de las decisiones, hora
de la conversión, del cambiar el modo de ver las cosas? ¿Sois capaces de prever el tiempo que
hará, cómo no sabéis entender este tiempo? (Cfr. Lc 12, 56).

Otra tarea que se pide al Capítulo, en el mismo número 127, en las letras b) y c) es la de
promover “la autenticidad” de nuestro ser pasionistas para que la Congregación se manifieste y el
carisma sea evidente en los comportamientos personales, en las comunidades y en la Misión. Las
Constituciones nos mandan promover “la auténtica índole” de cuanto nos hace reconocer como
personas consagradas que tienen en el centro de la propia vida y misión la Pasión de Jesús y que
tienen corazón y ojos que les permiten leer, como S. Pablo de la Cruz, el nombre de Jesús escrito en
la frente de los pobres. 

El misterio pascual es la realización de la misión de Jesús, es su donarse sin límites. La persona
cerrada en su propio egoísmo no tiene corazón para darse cuenta del sufrimiento de los
otros, ni ojos para la pobreza, ni oídos para escuchar su lamento.
Otra tarea del Capítulo es verificar el estado de la Congregación y proyectar objetivos comunes
y medios para realizar cuanto sea necesario con el fin de mejorar la vida comunitaria y la
actividad apostólica que son su emanación y su fruto.

Para alcanzar este objetivo, para dar nueva
vitalidad y una segunda juventud a nuestra Familia religiosa, hemos puesto en el centro del proyecto
de la vida actual y futura de la Congregación todo lo que nos pide el mismo número 127 de
las Constituciones en la letra d): Promover la solidaridad , mantener la unidad , dentro de un sano
pluralismo.
Este punto d) del número 127 de las Constituciones es el corazón del momento histórico
que estamos viviendo como Congregación con el proceso de Reestructuración iniciado en el Sínodo
del 2004.

El largo camino de estos ocho años que ha visto el implicarse de los religiosos a nivel personal
y comunitario, a nivel de Consejos provinciales y a nivel de varios eventos Congregacionales
como han sido los últimos tres Sínodos Generales (2004 – 2008 – 2010) y el Capítulo general del
2006, nos hace mirar con fe y confianza el próximo Capítulo general del 2012.
Con fe porque hemos aceptado realizar la reestructuración como una respuesta a la llamada
de Dios; con confianza porque el instrumento que hemos descubierto en el discernimiento para
revitalizar la Congregación, tanto en la vida comunitaria como en la Misión, es la “Solidaridad”;
instrumento que queremos promover no solo como un deseo o como un promesa, por loable que
sea, sino como algo que queremos realizar aún a nivel estructural y así vivir la solidaridad en
modo posible y concreto especialmente en los tres ámbitos de la Formación, del Personal y de los
Recursos económicos. Querer realizar la solidaridad sin instrumentos institucionales, nos dejaría
solo en el nivel de los buenos deseos y de las exhortaciones. 

La realización de la solidaridad, estoy seguro, incrementará la unidad entre las varias regiones
de la Congregación, al interior de las Configuraciones y de la Congregación en su conjunto.
Esta opción nos permitirá superar las actuales y excesivas fragmentaciones como son las Provincias,
Vice-Provincias y Vicariatos ya que están creando problemas notables en la renovación de los
gobiernos locales, en la vida comunitaria y en el apostolado a causa del pequeño número de religiosos
que componen las zonas históricas de la Congregación y a causa del crecimiento con limi4
tada capacidad de autonomía y de formación en las zonas más jóvenes de la Congregación. 

Compartir
los propios dones, y aún las diferencias, dará una mayor vitalidad y una mayor capacidad
operativa a todo el organismo.
El camino de reforma a nivel estructural que tienden a realizar las Configuraciones como
entidades únicas, también según los previsto en el N° 104 de las Constituciones que permite la
unión y la modificación de las Provincias, no podrá ser efectuado de modo uniforme, sino que se
realizará correctamente con el criterio de la flexibilidad respetando las diversas realidades, las
culturas, las lenguas y otros aspectos que exigen largos periodos de maduración y caminos más
lentos.

El inciso d) del número 127 de las Constituciones (que recuerdo fueron formuladas hace
más de 25 años en el Capítulo general del 1982) dice: “promover la solidaridad , mantener la unidad
, en un sano pluralismo” ¡es verdaderamente un punto crucial y profético para los objetivos
que la Congregación se ha propuesto con el proceso de Reestructuración iniciado en el Sínodo del
2004!
Los incisos e) y f) del mismo número 127, además de pedir al Capítulo que evalúe la actuación
del gobierno general y que elija al Superior general y a su Consejo, confirman las tareas de
cuanto se ha dicho arriba. 

En efecto, piden al Capítulo que verifique la realización de los programas del Capítulo precedente
y de los anteriores Sínodos que han tenido al centro, como objetivo principal, la realización
de la Reestructuración de la Congregación.
Una tarea a la que hemos sido llamados y que no podemos eludir o descuidar.
Por lo tanto, en profunda sintonía con las Constituciones y con las tareas que nos han confiado
el último Capítulo general (2006) y los Sínodos del 2008 y del 2010; el próximo Capítulo
general tendrá como tema central la Reestructuración de la Congregación.
En él será evaluado el camino realizado por las diferentes Configuraciones, sus situaciones
actuales y los objetivos propuestos, de modo que sean capaces de tomar decisiones concretas indicando
las modalidades y las etapas oportunas que tendrán que realizarse. 

Nos debe confortar durante el camino de preparación al Capítulo general y durante su
misma realización en el año 2012, la coincidencia de los eventos que celebrará la Iglesia en este
mismo año y que debemos leer no como casuales, sino como “signos de los tiempos” y como una
“llamada”.
En efecto, el 11 de Octubre del 2012 iniciará “el Año de la Fe” convocado por Benedicto
XVI° en su Carta Apostólica “Porta Fidei”; el 7 de Octubre del 2012, día en que se prevé la clausura
de nuestro Capítulo General, iniciará el Sínodo de los Obispos (7-28 de Octubre) que tendrá como
tema “La Nueva Evangelización en la transmisión de la fe cristiana”.

Dos temas en los que podemos inspirarnos, dos polos que deben ser una referencia para
nuestro camino de Congregación en el próximo Capítulo general; ellos pueden ser como la nube
luminosa que presidía al pueblo de Israel en el desierto hacia la tierra prometida. Dos eventos que
nos acompañarán y nos asegurarán que no estamos solos en el camino, sino que somos parte del
flujo de vida y de gracia de la Iglesia. Todo esto nos llama a tener mayor fe y a vivir con novedad
de espíritu la tarea de la evangelización y nos confirma que la presencia de Dios en medio de nosotros
es constante a pesar de nuestra pobreza y nuestro pecado.

Con “La Puerta de la fe” se nos recuerda la exigencia de redescubrir el camino de la fe para
iluminar, con mayor intensidad, la alegría y el renovado entusiasmo del encuentro con Cristo. En
esta perspectiva se nos invita a una auténtica y renovada conversión al Señor. Único Salvador del
mundo. Un redescubrir la fe entendida no de modo genérico o exclusivamente personal sino comunitario
y un redescubrir la fe en las opciones y en los eventos que estamos viviendo en la Congregación.
“La fe, que se vuelve activa por medio de la caridad”, (Gal 5,6) es un nuevo criterio de acción
que cambia la vida del hombre. En esta óptica la solidaridad que estamos tratando de realizar
en la Congregación se convierte en un modo nuevo de relacionarnos en la fe para dar mayor vitalidad
a nuestra misión.

El próximo Sínodo de los Obispos con el tema de la “Nueva Evangelización” será una reunión
de la Iglesia que se pondrá dialogar e invitará a todos a que abramos el corazón y los ojos a la
realidad del mundo actual y a evaluar la capacidad de animación que tiene el actual modo de
evangelizar. Aunque la nueva evangelización está dirigida especialmente a cuantos se han alejado
de la Iglesia en los países de la más antigua cristiandad, podemos notar que tal fenómeno, desgraciadamente
existe, en diversas medidas, en los países donde la Buena Noticia ha sido anunciada en
los siglos recientes y que todavía no ha sido acogida suficientemente de modo que pueda trasformar
la vida personal, familiar y social de los cristianos.
Por lo tanto, se trata de un desafío para la Iglesia universal que nos implica a todos y en todas
las naciones en la que estamos presentes.

El momento histórico que estamos viviendo como
Congregación en la proximidad del Capítulo general es una ocasión propicia para dar “novedad” a
nuestra misión y a nuestra vida común de modo que sean vehículo e instrumento para nuevos
modos de expresar la vida consagrada. Podremos encontrar un nuevo entusiasmo y nuevas ideas
formando juntos nuevas familias y nuevas entidades con la convicción de que la vida es un don
que tenemos que compartir.

Se trata de un desafío, como lo fue para el escriba del Evangelio, que se convirtió en discípulo
del Reino de los cielos, que nos pide extraer cosas nuevas y antiguas del precioso tesoro de la
Tradición y de las situaciones de la historia contemporánea de nuestra Congregación, de la Vida
Consagrada en general, de la Iglesia y del Mundo. Es una invitación a que vivamos la espera del
Capítulo general y su preparación en sintonía espiritual y emotiva con cuanto escribe un poeta: “Hay algo nuevo hoy en el sol, más bien, algo antiguo”.
Jesucristo es “¡aquel que era, que es y que vendrá!” (Ap. 4,8). 

Queridos Hermanos y Hermanas de la Familia pasionista, en preparación al Capítulo general
de la Congregación os invito a elevar oraciones especiales para que éste pueda llegar a buen
fin, iniciando 6 meses antes de su celebración, por ello, desde el de Abril próximo. La Comisión
litúrgica os enviará un texto adecuado.
En el archivo adjunto, que es parte integrante de la presente, os enviamos como recordatorio
algunos números de las Constituciones y de los Reglamentos generales que tienen que ver con
el Capítulo general y su preparación.

Además podéis encontrar las normas de la participación al
mismo que fueron aprobadas por el último Capítulo general celebrado en Roma en el 2006.
Los delegados elegidos según tales nuevas normas y según lo que escribí en mi Carta precedente
del 24 de Septiembre de 2011, deberán ser comunicados a la Secretaría general lo antes
posible o a más tardar el próximo 11 de Marzo para poder enviarles la documentación y la información
necesaria. 

Por otra parte, os comunico que además de la comisión de Liturgia, mencionada arriba, han
sido formadas otras comisiones que nos ayudarán, algunas, en el camino de preparación al Capítulo
y otras durante su desarrollo: La comisión Preparatoria del Capítulo; la Comisión logística, la
Comisión de Comunicaciones, la Comisión de estudios jurídicos, la Comisión de Formación y la
Comisión Trilateral que estudiará la problemática Vicariatos-Provincias madre.
Queridos hermanos, preparémonos y esperemos con confianza el Capítulo.

Pongamos a la
Congregación y a la Familia pasionista bajo la protección de María y José, custodios en Nazaret de
la Sagrada familia. “¡Nada es imposible para Dios!”, dijo el Ángel Gabriel a María en la Anunciación
y nosotros lo creemos firmemente y estamos seguros de que Dios nos acompañará en el camino
de nuestra vida y en la preparación a la celebración del Capítulo general del 2012.

Un saludo fraterno a todos los religiosos, especialmente a los enfermos, a los que están enfrentando
momentos difíciles y se sienten marginados o en dificultades; una palabra de ánimo a
los jóvenes y una invitación a volar alto, a mirar el ideal de la vida consagrada como una misión
sin dejarse frenar por la mentalidad del mundo o por las contradicciones que puedan experimentar
a su alrededor. 
Que sean fieles en el amor a su vocación: vale la pena ofrecer la propia vida a
Dios y a los hermanos. 

Un recuerdo especial a las religiosas y a las laicas y laicos de la Familia pasionista:
Que Dios los sostenga y les conceda mejores perspectivas de futuro, de vida, de trabajo y
de paz en las familias.
San Pablo de la Cruz, nuestro Padre, nos bendiga y nos dé luz y coraje para poder tomar
oportunas decisiones y orientaciones que nos permitan mejorar la eficacia de nuestra misión de
religiosos y de laicos en el mundo.

P. Ottaviano D’Egidio, Superior General CP
Roma, 6 de Enero de 2012
Epifanía del Señor – Retiro de los SS. Juan y Pablo


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