INFORME AL XII° SÍNODO GENERAL
Roma - Noviembre de 2004
LA
REESTRUCTURACIÓN EN LA CONGREGACION
Queridos Hermanos,
No pienso
que esperéis una presentación científica y técnica del tema de la
reestructuración. Esbozaré algunos argumentos durante mi intervención, pero
pienso que durante estos días todos deberíamos llegar a comprender este tema
más o menos concordemente. Mi contribución a este sínodo se referirá a la
situación actual de la Congregación y a la explicación de por qué hoy hablamos
de reestructuración en ella.
Durante el sínodo celebrado en el 2002 en Corea, os decía en mi informe
sobre la reestructuración que no se podían estudiar solamente las realidades de
los vicariatos sin tener en cuenta la realidad global de la Congregación. Por
tanto, hacía falta iniciar un discurso que comprendiera a toda la Congregación
y esto a causa del desequilibrio de fuerzas vitales que está surgiendo al
interior de la misma. También mencioné entonces la exhortación que el Concilio
Vaticano II ha hecho a los institutos religiosos para que busquen modos más
adecuados de estar presentes y ser eficaces en este mundo de hoy que cambia. El
decreto Perfectae Caritatis (1965) expresaba
con mucha claridad: “La adecuada renovación
de la vida religiosa comprende, a la vez, un retorno constante a las fuentes de
toda vida cristiana y a la primigenia inspiración de los institutos y una
adaptación de éstos a las cambiadas
condiciones de los tiempos” (PC 2). Pero con igual claridad advertía: “Las mejores adaptaciones a las necesidades
de nuestro tiempo no surtirán efecto si no están animadas de una renovación
espiritual, a la que hay siempre que conceder el primer lugar en la promoción
de las obras externas”. De ahí que una eficaz renovación y adaptación sólo puede
ser lograda con la colaboración de todos los miembros del instituto y el modo
de vivir, de orar y de actuar tiene que ser adecuado convenientemente a las
actuales condiciones físicas y psíquicas de sus miembros, como también - en cuanto
es requerido por la peculiaridad de cada instituto - a las necesidades del
apostolado, a las exigencias culturales y a las situaciones sociales y
económicas, especialmente en los lugares de misión. También la manera de
gobernar debe ser examinada según los mismos criterios. Queremos actuar hoy en
nuestra Congregación este impulso dado por el Vaticano II. Antes de enumerar
los factores directos que nos empujan a actuar hoy sin retardar ulteriormente este
proceso de reestructuración, quiero presentar las estadísticas de la Congregación
de estos últimos veinte años, es decir, de 1983 al 2003, de manera que tengamos
una visión global de ella:
En mi opinión estos datos geográficos y
estadísticos nos dan una idea de la implantatio
de la Congregación en el mundo y nos aclaran cuántos somos ahora y las
potencialidades que tenemos para afrontar la misión que nos ha sido confiada a los
pasionistas, además de nuestro deber de recuperar las fuerzas fatigadas por el
trabajo desarrollado durante años. La reestructuración es una respuesta
carismática, vital y estructural adecuada a la misión que nos ha sido confiada,
según las exigencias y necesidades en las que vivimos. En otras palabras, entendemos
la reestructuración como un proceso, una dinámica de transformación personal y
comunitaria, que examina la realidad actual, evalúa las estructuras que
tenemos, y se dispone a cambiarlas, si es necesario, para que podemos ser
fieles al carisma y al servicio de la misión. Por tanto, la reestructuración
consiste fundamentalmente en encontrar nuevas maneras de organizarnos,
estableciendo, si es necesario, nuevas estructuras para poder responder con
mayor fidelidad al carisma de la Congregación. Esto implica una nueva
sensibilidad frente a los desafíos actuales, una nueva mentalidad, un nuevo
modo de testimoniar y de anunciar el Evangelio. Por ello necesitamos
redescubrir una nueva base antropológica para nuestras estructuras, que están
siempre al servicio de la persona y de su deseo de vida. La reestructuración no
puede ser sólo una reacción a situaciones contingentes que necesitan una
posición precisa y una acción consecuente. La reestructuración tiene que nacer ante
todo de una actitud positiva; si junto a ella no hubiera también el deseo de
vitalidad y de viabilidad, y encontráramos sólo una solución a nivel
administrativo o la seguridad del futuro, podríamos, incluso, hacer de la reestructuración
una urgencia en razón del número reducido de las vocaciones, por ejemplo; sin
embargo, todos esos esfuerzos serían, de todas maneras, un proceso incompleto y
puntual, si afrontáramos las dificultades sin ir a las raíces con la mentalidad
adecuada: la reestructuración es para la vida.
No podemos decir que nada ha cambiado desde
cuando nació nuestra Congregación. De vez en cuando evaluamos nuestro camino
recorrido, cambiamos nuestros Reglamentos si es necesario, pedimos a la Santa
Sede que cambie nuestras constituciones cuando notamos que los cambios del
mundo o su visión ya no permiten su observancia. Hay provincias que buscan de
vez en cuando adaptar sus propias estructuras con base en sus exigencias y las fuerzas
disponibles, con la única preocupación de cumplir nuestra misión. Esto para afirmar
que no partimos de cero en la reestructuración. Algunos esfuerzos ya se han realizado
en el ámbito local y esta es una señal positiva del dinamismo de la Congregación,
atenta a los signos de los tiempos. Quizás
el elemento nuevo que nos lleva a afrontar este argumento en este momento es el
deseo de toda la Congregación de encaminar el proceso y de hacerlo sólo como Congregación.
Nuestro Superior General, en sus numerosas intervenciones sobre la
reestructuración, ha promovido siempre la idea de abrazar la reflexión sobre el
proceso de la reestructuración ya no como provincia sino como Congregación.
El P. Luigi Vaninetti, en el n° 4 del BIP, en
armonía con esta idea fundamental del Padre General, nos presenta la
reestructuración como una recalificación de la vida religiosa, una apertura al
horizonte de la Congregación, verdadero cuerpo al que pertenecemos, más
que a las provincias en particular, y a promover una dinámica de escucha, de confrontación
y de corresponsabilidad ajena a cualquier tipo de autosuficiencia y de autonomía
territorial e institucional. No debemos encerrarnos en la propia provincia, sino
tratar de participar en el proceso congregacional. Ya no debemos reflexionar
como simples provincias, sino como Congregación. Ésta es la novedad. Y sobre este argumento la responsabilidad de
todos los pasionistas es considerable, porque queremos dar a nuestra Congregación
una nueva dirección, una nueva orientación, una nueva presencia en el mundo,
conformando nuestro carisma y espiritualidad a los signos de los tiempos.
Factores positivos
y negativos que animan hoy a la reestructuración
1.
El mundo
como lugar de realización de nuestra misión: Secularización y Globalización
¿Quién de nosotros puede decir que el mundo
de hoy no nos interpela, cuándo se consideran algunos signos de los tiempos y
algunos medios usados hace 50 años? ¿Quién puede pretender que estos medios y
métodos estén todavía de moda en nuestros días? ¿Quién puede asegurar que aún
sea válido el modo de acercarse a los jóvenes de hoy con los métodos de hace 50
años?
Muchos de nosotros nos hemos preguntado si
nuestra misión todavía tiene un sentido que la legitime profundamente en un
mundo que cambia con tanta rapidez y, sobre todo, si tiene perspectivas
futuras. A veces nos preguntamos si la intuición espiritual y misionera de San Pablo
de la Cruz, con toda la tradición que de ella deriva, tiene todavía derecho de ciudadanía
en este mundo. El fenómeno de la secularización ya se insinúa en todos los
ambientes; la globalización, que se ha convertido casi en una moda en el mundo
de hoy y ante la que, por otra parte, nadie puede ser indiferente, continúa su
integración sometiendo toda la humanidad a su disciplina y a su lógica. Y
muchos otros factores que caracterizan este mundo hacen que ya no podamos
llevar adelante nuestra misión sin preguntarnos con frecuencia sobre su validez
y eficacia.
2.
La disminución
general de las vocaciones en la Congregación
Las estadísticas nos han mostrado que la Congregación
está atravesando en su conjunto un proceso de disminución vocacional. El número
de los jóvenes que hace 50 años se consagraron en el primer mundo se encuentra
hoy bajo cero. El nuevo mundo da algunas señales de crecimiento, pero también
allí se constata un decrecimiento de las vocaciones. Naturalmente, las causas
de este descenso no son las mismas en todas partes.
3.
Edad de
los religiosos en el primer mundo
En el primer mundo la mayor parte de los
religiosos tiene una edad muy avanzada; esto significa que las fuerzas están en
constante disminución y que es necesario reflexionar acerca de una nueva
presencia en el mundo. Significa, además, que la Congregación tiene que tratar
de organizarse para crear nuevas estructuras viables para los religiosos que
tienen una edad avanzada. Quizás se deba empezar desde aquellas provincias
dónde más del 70% de religiosos son muy ancianos y los menos ancianos corren el
riesgo de no ser capaces de llevar adelante tanto el apostolado como el cuidado
de los religiosos en los conventos. ¿Cómo llegar a una solución adecuada en una
situación tan compleja? Y por lo tanto está bien cuestionarse, en diálogo
sincero con los religiosos interesados en la búsqueda de una solución. ¿Quizás
se podría pensar en la restauración de una parte del convento para nuestros cohermanos
o, también, en realizar convenciones sanitarias con las organizaciones ya
existentes en este campo? ¿U otra solución? De todos modos, debe buscarse una
respuesta a esta cuestión existencial en las áreas donde no ha sido encontrada aún
una solución satisfactoria.
4.
El
desarrollo de la Congregación en el nuevo mundo
Por nuevo mundo entiendo las partes donde la Congregación
ha sido fundada recientemente, o sea África, una parte de Asia y una parte de
América Latina. Aquí la Congregación se ha hecho presente en tiempos recientes
y está en fase de crecimiento; pero, en mi opinión, es un crecimiento frenado,
porque también allí se ha comenzado a experimentar una falta de vocaciones, o tal
vez se encuentran en dificultades económicas que no permiten continuar una recepción
numerosa de candidatos.
5.
El
deseo de apertura a las realidades del mundo actual: la interculturalidad
La gente del mundo de hoy tiene en general
una mentalidad cosmopolita, o sea, tiene deseos de conocer el mundo, conocer lo
que se hace y como se vive en otros lugares, etc. Ya no hay naciones donde se
pueda aún decir: “Esta cultura es típica de esta parte”, y eso precisamente a
causa de los cambios que hoy conocemos. Hay un choque cultural que no se puede
ignorar, sino que tiene que ser tenido muy presente. Por desgracia, en nuestra Congregación
cada vez menos jóvenes expresan el deseo de ir a la misión - cosa que, por
tanto, no confirma esta mentalidad -, más bien cada uno prefiere quedarse en su
casa, en su provincia, viceprovincia o vicariato. Pero quizás esto se debe a la
concepción que hoy tenemos de que nuestra realidad es cada vez más localizada; sin
embargo, también se debe afirmar que la disminución de jóvenes en las
provincias incide de manera decisiva.
6.
La
migración de los pueblos
Las etnias procedentes
del Sur o del Este del mundo cada vez más a menudo se establecen en países del
Norte y Occidente, generalmente privados de la necesaria asistencia pastoral.
El anuncio del evangelio no tiene confines y junto a toda la Iglesia tenemos
que sentirnos interpelados por estas nuevas presencias y encontrar el modo
adecuado de alcanzarlos y llevarles el evangelio. Es natural que estas
presencias creen ciertas dificultades psicológicas de aceptación de parte de
algunas personas pertenecientes a las culturas locales (indudablemente, de modo
equivocado); pero esta actitud se puede superar introduciéndose en la cultura
cristiana en la que el amor, que no tiene confines, nos impulsa a llevar el
evangelio al mundo entero y a todos los pueblos.
7.
El movimiento laical pasionista
Nuestros hermanos y
hermanas que hacen parte del movimiento laical y que amorosamente comparten con
nosotros el carisma de San Pablo de la Cruz, ya no pueden quedar fuera nuestro
proceso de reestructuración; al contrario, tienen que ser implicados justamente
en este camino. Varias provincias llevan a cabo experiencias positivas con
nuestros hermanos y hermanas del movimiento laical, una realidad que en el hoy de
nuestra Congregación ya no puede ser ignorada sino que debe ser integrada e
incorporada en el dinamismo de nuestro proceso de reestructuración. La
presencia actual del movimiento laical pasionista es un signo interpretado
positivamente y que lleva mucha vida y muchas esperanzas a la Congregación.
8.
Inadecuación
de las formas y estructuras de vida
Nuestras formas y
maneras de vivir causan a los jóvenes de hoy, indudablemente, serias
dificultades o barreras. No sólo las formas de vida, como la observancia, los
horarios etc., sino también las estructuras: probablemente, las casas religiosas
o conventos en los que se desarrollan estas formas de vida ya no atraen a los
jóvenes.
¿QUÉ SE HA DICHO EN LAS CONFERENCIAS ACERCA DE LA REESTRUCTURACIÓN?
He participado en algunas
asambleas de las conferencias que tuvieron como tema la reestructuración. Las
visiones de reestructuración en las conferencias son diferenciadas según las
regiones y, sobre todo, según las necesidades que suscitan este cambio.
a.
Según la
conferencia pasionista de Asia Pacífico (PASPAC), reestructurar significa
encontrar otro modo de ser pasionista en su región; también significa reforzar
las unidades pobres en personal en su conferencia. Tener otra visión del ser
pasionista.
b.
En
África la reestructuración es vista como una nueva manera de colaborar entre
los vicariatos. Esta conferencia, siendo constituida sólo por vicariatos, ve
esta realidad como un dinamismo que debe ayudar a los vicariatos en su
desarrollo hacia una mayor autonomía, dado que son realidades de la Congregación
en crecimiento. Además, colaboración y desarrollo.
c.
Norte de
Europa (NEC): Discurso muy complejo. Volvemos a abordar dos aspectos: 1. La
problemática del cuidado de los religiosos ancianos en nuestras comunidades; es
necesario encontrar soluciones adecuadas para mejorar la vida de nuestros
ancianos. Pero, ¿de qué manera? La búsqueda de las soluciones adecuadas será
afrontada en diálogo con los mismos religiosos ancianos. 2. Nuestra presencia
pastoral en este mundo secularizado y globalizado. ¿Dejar las estructuras como
están ahora o crear otras nuevas con fuerzas más jóvenes? No se sabe cómo proyectar
ni como afrontar este proceso.
d.
Conferencia
de la Península Ibérica (CII). No se puede pensar en la reestructuración en
esta región sólo en lo geográfico, hace falta ir más allá. Además las
provincias de España no pueden abrazar esta realidad sin integrarla con la
realidad de su presencia activa y numerosa en el Centro y Sur de América. Pero
se siente la urgencia de empezar este proceso, aunque no es expresado
abiertamente por las dificultades que hay para encontrar direcciones adecuadas.
e.
En
América del Norte (IPCM) la reestructuración es sentida como una necesidad que
se ha de satisfacer dando respuestas adecuadas, según un proceso que debe madurar
y ser impulsado con ánimo, convicción y esmero. El P. Robert Joerger, consultor
general, escribía que en el ámbito de nuestro carisma, de nuestra misión y de
la construcción de un camino de colaboración interprovincial, los religiosos
han sugerido la posibilidad de una ulterior cooperación entre las provincias, en
particular en el ámbito pastoral, administrativo y de la comunicación (cf.
artículo del P. Robert, BIP, n° 4). Pero la Congregación no puede sola llevar
adelante este proceso. Tiene que hacerlo con toda la gran Familia Pasionista de
Norteamérica. Por tanto, una respuesta puede venir desde el interior de toda la
familia pasionista.
f.
La
conferencia italiana (CIPI). La asamblea CIPI ha llegado a un acuerdo sobre el
objetivo general de la reestructuración como testimonio de una comunión de vida
y de la memoria passionis y la
urgencia de implicar a todos los religiosos de manera que haya una
mentalización acerca de la cuestión de la reestructuración como oportunidad que
los invita a ser protagonistas. Además, activar un proceso de mentalización a
través de una programación unitaria, es decir, interprovincial (cf. artículo
del P. Luigi, BIP n° 4).
g.
La
conferencia latinoamericana (CLAP). Los hermanos de América Latina han
considerado desde el principio la reestructuración como una nueva manera de ser
pasionistas en aquella parte del mundo, aunque el proceso se ha bloqueado a
causa de la velocidad de los cambios ocurridos. Sin embargo, su idea ha sido no
seguir multiplicando las entidades (estructuras) pasionistas sino tratar de
reducirlas y constituir unidades o estructuras más fuertes. Este era el impulso
positivo de los pasionistas del Brasil.
Estas son algunas ideas surgidas durante los
encuentros de las conferencias en los que he participado. Naturalmente hay
muchas ideas, pero tenemos que reconocer que todos nosotros estamos todavía en
la fase del cuestionamiento. Quiero retomar algunas de esas ideas a grandes rasgos:
La reestructuración es un proceso que debe
ser impulsado en la Congregación para que pueda responder mejor a los desafíos
del mundo actual. Para entrar en este proceso es necesario preguntarse seriamente:
¿Nuestras actuales estructuras están efectiva y eficazmente al servicio de la
misión pasionista? ¿Cómo funcionan estas estructuras? ¿Realmente nos ayudan a
cumplir con las exigencias del carisma y a responder a las urgencias pastorales
del mundo de hoy? ¿A cuáles urgencias pastorales está llamada a responder la Congregación
hoy? ¿Cuáles estructuras nos sirven para que podemos responder mejor a estas
urgencias? ¿Qué criterios tenemos para identificar nuestro compromiso con los
más pobres y abandonados? ¿Qué nos ayuda a discernir las verdaderas urgencias
pastorales? Estas preguntas pueden parecer abstractas y lejanas de nuestras normales
preocupaciones y ocupaciones, pero son preguntas aplicables a los diferentes
factores que hemos enumerado y que nos impulsan a abrazar el proceso de la
reestructuración.
CONVERSIÓN
Estamos llamados a la
conversión. Estamos llamados a reexaminar el camino recorrido hasta aquí, a discutir
nuestra respuesta a las exigencias actuales de la misión querida por San Pablo
de la Cruz, a volver a ver nuestro estilo de vida, nuestra mentalidad y nuestro
modo de organizarnos. Estamos invitados a responder con fidelidad creativa a
los desafíos de la misión en el mundo de hoy. Estamos llamados a ser fieles al
carisma de la Congregación y al espíritu del Fundador. Estamos llamados a
profundizar las nuevas maneras de responder a las exigencias del anuncio del
evangelio, del anuncio de la memoria
passionis, con un testimonio de vida renovada, también en las estructuras.