DECRETO DE ELEVACIÓN DEL VICARIATO SALV (CONGO) A
VICEPROVINCIA
6 de Diciembre, Roma
Con la autoridad que me otorgan
las constituciones (Nº 104), oído el parecer de los superiores mayores, P. Frans Damen, superior provincial
de la Provincia de San Gabriel de la Dolorosa, y del P. Elie
Muakasa, vicario regional del Vicariato del Santísimo
Salvador, y de sus respectivos consejos; con el consentimiento unánime de mi
consejo, elevo y constituyo el vicariato del Santísimo Salvador, de la República
Democrática del Congo, en Viceprovincia del Santísimo Salvador;
al mismo tiempo, con el consentimiento de mi consejo, confirmo hasta la
conclusión del presente mandato al P. Elie Muakasa en el oficio de viceprovincial, y a los PP. Czeslaw Duda, Martin Fripont, Prosper Kuakasa y Richard Monsemvula, en
el respectivo oficio de consultores de la Viceprovincia.
El Señor, por intercesión de María
Santísima, patrona de nuestra Congregación, de San Pablo de la Cruz, nuestro
Padre y Fundador, de los Beatos Mártires Congoleños, Isidoro Bakandja y María Clementina Annuarite,
de los Santos y Beatos de la Familia Pasionista, bendiga a esta parcela de la
Congregación, a fin de que, en fraterna comunión con la conferencia Pasionista
Asia-Pacífico, crezca y dé testimonio con la vida y con la palabra de “la más grande y estupenda obra del Divino
Amor, Cristo Crucificado y Resucitado”.
Tengo plena confianza de que los
actuales religiosos que forman la nueva Viceprovincia continuarán el compromiso
apostólico de los pasionistas que sudaron y se fatigaron para establecer la
Iglesia Católica, hacer florecer la Congregación y preparar este día tan
luminoso.
Los religiosos que han venido
sucediéndose desde 1930 dejaron con generosa fidelidad a Cristo sus familias y
su patria para cooperar abnegadamente a la acción salvadora de Cristo y servir
al pueblo. Don de ellos sacrificaron su vida. Todos han soportado inmensos
sacrificios en viajes, a menudo a pie, en los primeros años en la selva
ayudando a la gente a conocer a Jesús Salvador. Con la austeridad de su vida y
con las ayudas que les llegaban de los católicos belgas, a pesar de las estrecheces de su nación, han construido escuelas,
dispensarios médicos y otras obras en beneficio de la gente, así como las
propias casas e iglesias. Pido a los religiosos actuales y futuros que pongan a
Cristo Salvador en el primer puesto de sus vidas. Que sepan con amor mantenerse
libres de cuanto pueda impedirles la vida comunitaria y apostólica, vivan con
sobriedad, pobreza y espíritu de vida común, poniendo a disposición de la
comunidad los propios talentos y cuanto producen con su trabajo para tener lo
necesario para la vida, para el apostolado, para el mantenimiento de los bienes
y propiedades, así como para ayudar a los pobres.
Roma, 6
de diciembre de 2004 P.
Octaviano D’Egidio, C.P.
Retiro
de los Ss. Juan y Pablo Superior
General