SAN PABLO DE LA CRUZ
El místico del Calvario
|
Vida de San Pablo de la Cruz en los antiguos dibujos de MARIO BARBERIS |
||||
|
Orígenes |
Vocación |
Apostolado |
Mística |
Últimos años |
Descarga todas los dibujos aqui -PDF 1.75 MB-
|
Escucha la Vida de San Pablo de la Cruz Voces: Catherine Jaillier (IMSP) y Tarcisio Gaitán, cp. Medellin 2007 |
|
|
El
día 3 de enero de 1694 en la pequeña ciudad Ovada, cerca de Alejandría. al norte
de Italia, nació Pablo Francisco Danei Massari. Es el siglo XVIII, también
llamado "siglo de las luces" pues, en general, se pensaba que la inteligencia
humana es la única autoridad y que la fe y la revelación son un obstáculo al
desarrollo de la humanidad.
Pablo vivió su niñez en un hogar auténticamente cristiano, desde el cual
experimentó las alegrías y los sufrimientos de la vida: de 16 hijos del
matrimonio Lucas Danei y Ana María Massari sólo sobrevivieron 6. No faltaron
también las dificultades económicas, por lo que la familia tuvo que cambiar
continuamente de domicilio en busca del trabajo. Pablo, quien desde muy pronto
debió ayudar a su padre, no pudo asistir con regularidad a la escuela.
El
gran testimonio de la fe cristiana de Ana Maria -su madre- ejerció gran
influencia en la educación religiosa de Pablo, a la que éste correspondió con
una respuesta generosa.
A
los 19 años, en 1713, el joven Pablo tomó la primera gran decisión de su vida.
La predicación de un sacerdote o una charla espiritual con él le impresionó de
tal forma que, profundamente emocionado y arrepentido, hizo confesión general de
sus pecados y decidió consagrar su vida a Dios de un modo más radical y
absoluto. Él mismo llamará después a este momento su "conversión a penitencia ".
Años más tarde, cuando en 1716 el Papa Clemente XI invitó a la cristiandad a una cruzada contra los turcos, Pablo creyó oír en esto la voz de Dios, pues quería morir mártir y se alistó voluntario, pasando algún tiempo en cuarteles y campamentos. Convencido de que éste no era el servicio que Dios le pedía, regresó a la casa de sus padres a quienes siguió ayudando en sus necesidades, dedicaba muchas horas a la oración, participaba diariamente en la misa y se entregaba a duras penitencias.
Pablo Francisco tenía 26 años sus hermanos habían crecido y sus padres no
necesitaban tanto de su de ayuda. Por este tiempo, sintió la llamada de Dios a
fundar una orden religiosa:
"...
sentí mi corazón movido por el deseo de retirarme a la soledad; ... me vino la
inspiración de llevar una túnica, de andar descalzo, vivir en estrechísima
pobreza y llevar, con la gracia de Dios, vida de penitencia; ...me vino la
inspiración de reunir compañeros para vivir con ellos promoviendo en las almas
el santo temor de Dios; me vi en espíritu vestido de una túnica negra, con una
cruz blanca sobre el pecho, y bajo la cruz escrito el nombre santísimo de Jesús
con
letras
blancas...
El
22 de noviembre de 1720 Pablo se despidió de su familia y se dirigió a su
obispo, Mons. Gattinara, en Alejandría. Este, en una ceremonia sencilla y en su
capilla privada, revistió a Pablo de la Cruz con el hábito negro de ermitaño.
Las seis semanas siguientes del 23 de noviembre de 1720 al 1 de 1721, las vivió
en el trastero de la sacristía de la Iglesia de San Carlos, de Castellazzo, en
las más precarias condiciones de alojamiento. Son como los ejercicios
espirituales preparatorios para su misión de ermitaño y fundador .
En adelante su apellido será "de la Cruz".
Por orden de su obispo, Pablo de la Cruz consigna por escrito los sentimientos y
vivencias interiores de esos días en un "Diario espiritual". En él vemos a qué
grado de oración ha llegado ya, así como las grandes líneas de la doctrina
espiritual que vivirá y enseñará durante los 55 años siguientes. En las
anotaciones del primer día aparece ya la idea fundamental y programática de toda
su vida: "No deseo saber otra cosa ni quiero gustar
consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Jesús ".
Acabados estos días el Pablo de la Cruz pasó los meses siguientes en distintas
ermitas de las cercanías viviendo en soledad; daba catecismo a los niños en los
lugares vecinos, predicaba los domingos e incluso dio una misión. Quiso ir a
Roma para pedir personalmente al Papa le aprobara las Reglas de la nueva Orden
religiosa, misma que escribió durante los 40 días de Castellazzo. En Septiembre
de 1721 se dirigió a Roma, pero sufrió una gran desilusión. Es rechazado por los
guardias de Papa con palabras no muy amables. Aunque profundamente decepcionado,
no se desanimó. En la Basílica María la Mayor hizo un voto especial:
“dedicarse a promover en los fieles la devoción a la
Pasión de Cristo y empeñarse en reunir compañeros para hacer esto mismo”.
A su vuelta a Castellazzo, se les unió su hermano Juan Bautista que, lleno de los mismos ideales, fue hasta su muerte en 1765 el compañero fiel de Pablo. Durante los años siguientes vemos a los dos experimentar la Regla pasionista en diferentes ermitas y colaborando con las parroquias vecinas mediante el catecismo y la predicación.
Tras la etapa eremítica Pablo de la Cruz creyó necesario que él y su hermano vivieran en Roma para conseguir de la Santa Sede la aprobación de las Reglas; por eso prestaron sus servicios en el Hospital de San Gallicano cuyo Director les aconsejó hacerse sacerdotes. Después de un breve curso de Teología pastoral, en junio de 1727 los dos hermanos Danei fueron ordenados sacerdotes en la Basílica de San Pedro por el Papa Benedicto XIII.
Siguiendo su gran impulso a vivir en la soledad y a reunir más compañeros formando la primera comunidad los dos hermanos se dirigieron al Monte Argentario, unos 150 Kilómetros al norte de Roma, junto a la costa. Ahí vivieron en una pequeña ermita. El aumento de candidatos hizo pequeño el local, y construyeron el primer convento de la naciente Congregación, el cual, por innumerables dificultades, fue inaugurado hasta 1737.
Pero faltaba todavía la aprobación de las Reglas o Una comisión de cardenales nombrada para su estudio suavizó algo su gran austeridad, y en mayo de 1741 fueron aprobadas por Benedicto XIV; habían transcurrido 21 años desde que fueron escritas el nombre de la nueva orden religiosa sería: ”Congregación de la Santísima cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, título que expresaba claramente su peculiaridad en la Iglesia. Los Religiosos Pasionistas anunciarán por todas partes el misterio de la Cruz y Pasión de Jesucristo a lo cual se obligarían por el voto específico.
Pablo de la Cruz encontró el sentido completo de su existencia en la Memoria de
Jesús Crucificado, quien dio su vida por todos nosotros (Jn 3,16). En su asidua
contemplación del crucificado, Pablo encontró un camino de acceso al misterio de
Dios que es vida y amor, y que desea destruir el peso del pecado y del
sufrimiento. Él descubrió que Dios está más cerca de los pobres, de los que no
tienen nada, y sintió la urgencia de salir a su encuentro para esto: voz
anunciarles al Dios de la vida.
Fundó la Congregación de la Pasión con la esperanza de que continuara haciendo
presente al Crucificado, que pronuncia su juicio sobre el pecado del mundo, que
es la causa de la injusticia y del sufrimiento de muchos hermanos y hermanas, y
hace al hombre capaz de amar de un modo nuevo. Quiso que la Congregación fuera
un signo humilde del grande Amor de Dios.
A
lo largo de su vida -murió a los 82 años-, Pablo de la Cruz fundó 11 conventos.
En 1771, el santo, ya anciano, inauguró el primer monasterio de religiosas
pasionistas de clausura, que vivirían el mismo espíritu según la Regla escrita
también por él.
Además de fundador, Pablo de la Cruz, fue predicador de misiones populares y
gran director espiritual. Poseía cualidades muy especiales para esto: voz
potente, agradable presencia física, dotes retóricas extraordinarias. Pero lo
que más impactaba de él era su testimonio de íntima unión con Dios, su devoción
y su santidad.
Por su gran actividad apostólica -200 misiones y 80 tandas de ejercicios espirituales- mantuvo contacto con gran número de personas que solicitaban su consejo en la vida espiritual, a quienes él sirvió especialmente por correspondencia.
El 18 de octubre de 1775 pasó Pablo a la Casa del Padre con una muerte tranquila y santa en el convento de los Santos Juan y Pablo en Roma. Así terminaba su larga vida de trabajos y sufrimientos por Cristo y por el prójimo. Fue beatificado por Pío IX el 1 de mayo de 1853; fue canonizado por el Papa el 29 de junio de 1867.