Taller sobre el Carisma Pasionista.
Las Presas. Julio 2006
Del 2 al 8 de Julio en la Comunidad Pasionista de Las Presas, Cantabria, nos hemos reunidos religiosos, religiosas y laicos pertenecientes a la Familia Pasionista Ibérica, hasta sumar cerca de sesenta personas, participando en el “Taller sobre el carisma pasionista”. El P. Octavio Mondragón, pasionista mejicano, ha dirigido, animado y motivado este encuentro. Los días se han sucedido en un ambiente de encuentro, reflexión y celebración mostrando y compartiendo la vida, las inquietudes, las búsquedas y los descubrimientos o redescubrimientos que se nos suscitaban a medida que íbamos penetrando en las dimensiones carismáticas en las que está envuelta la historia humana y constituida nuestra existencia más radical.
La dinámica del Taller tuvo como hilo conductor el camino sapiencial y experiencial de revitalización y profundización propuesto desde el grupo “Centro-Forum” de la Congregación. El P. Octavio con gran vivacidad, pedagogía y cercanía, fue ofreciéndonos las claves para que tanto personal como en grupo, de modo participativo e interactivo, realizáramos este camino que redescubriera vivencialmente el origen que como raíz configura nuestra mente y corazón desde el Acto de Revelación y Donación en el que Dios consiste. El acontecer de estos días ha tenido como matriz la experiencia bíblica desde el acto creador hasta la revelación cumbre y radical de Dios en el Mesías Crucificado recorriendo los paradigmas bíblicos de Abraham, Isaías y Jeremías. Todos ellos mostraban ante nosotros las evidencias del Dios de la Historia que en su acto de acontecer recrea, renueva y pone en pie una existencia nueva en cada sujeto que consiente a su presencia inefable, desbordante y santificadora.
Con una gran unidad se iban sucediendo a lo largo del día los momentos expositivos, llenos de intuiciones vivenciales y presentaciones sintéticas, junto con momentos de trabajo personal, de reflexión y compartir comunitario y de celebración que culminaba lo vivido durante el día. La celebración de la Eucaristía, al final de la tarde, nos permitía expresar comunitariamente todo lo trabajado durante el día evidenciando nuestro haber sido convocados por la Palabra del Señor que en este momento nos constituía, de nuevo, sujetos ante él, invitados a ‘ver y oir’ y corresponder con la acogida y la disponibilidad de los llamados a ser ‘nueva creación’.
El itinerario propuesto desde el Centro Forum consta de estas cuatro etapas: Mirada contemplativa de la realidad, que tiene lugar en silencio, soledad y oración; lectura contemplativa de la Sagrada Escritura con la clave de salir al encuentro del Dios vivo; la revelación y contemplación del Dios vivo en el Mesías Crucificado y la dinámica carismática que suscita Dios en la historia de la humanidad.
Todo este proceso formativo o conformativo pretende ser una invitación a retomar el ‘arjé’ como el origen que nos constituye, el hontanar que como fuente primigenia ofrece en toda su pureza y totalidad, en su fecundidad y unicidad, el Acto absolutamente Generoso y Donativo que Dios es. Dejándose impactar por este origen se muestra nuestra contemporaneidad con los paradigmas de la revelación que culminan en Jesús, Hijo de Dios, Mesías Crucificado. Y de nuevo asistimos a la posibilidad recreativa del Espíritu de Dios que nos muestra a Aquel que hizo de Pablo Danei Pablo de la Cruz.
La vida como creación en acto y la contemplación como respuesta. Este ha sido el primer tramo de nuestro itinerario en este Taller. El universo lingüístico y simbólico formado por las palabras contemplación, silencio, soledad y oración han presentado ante nosotros las actitudes o modos de existencia que provocan la percepción de la realidad como creación. Ésta se nos dice de modo inefable, muestra su gratuidad desbordante, se pronuncia desde su santidad inviolable. Y el ser humano acoge desde el asombro, la reverencia y el respeto, disponiéndose a destilar humanidad en un acto único de sorpresa, acogida y afirmación de lo grandioso e inenarrable de la vida. Nace aquí la percepción de la existencia como un acontecer nuevo y gratuito, origen de la creatividad más sorprendente y sublime. Se suscita aquí el silencio ‘más habitado’ del que surgen las palabras, siempre a distancia infinita y a la vez necesarias, como testigos de lo inefable y del Inefable. La soledad abandona el solipsismo para percibir la comunión primigenia y la plenitud que se anticipa, haciendo de cada encuentro una solicitación fecunda del Espíritu. La oración deja de ser una mera actividad o un conjunto de actos para ser consciencia de la interpelación de Aquel que siendo Presencia convoca haciendo ser y reclamando Participación y Prolongación de su Acto Inefable de Dinámica Donación. Nace así el ser humano como quien ha sido hecho Responsable en el Hoy de la permanente Presencia que hace el tiempo eterno, historia de salvación.
Nos sucede el encuentro con el Dios Vivo. En algún sentido, el descubrimiento de la realidad como creación reclama al Dios vivo. Sin embargo éste no se dice en un mero proceso de continuidad simple y llana. Asume y se ofrece con rasgos ‘paradójicos’. La percepción sapiencial de esta pedagogía ha sido el segundo tramo de nuestra ruta. El pueblo de la Escritura Santa es constituido por esta Presencia Paradójica del Dios vivo. Su historia será siempre la respuesta al acontecer permanente en el hoy de cada circunstancia cambiante. La historia de Abraham, en las sucesivas lecturas y relecturas realizadas en la experiencia bíblica, muestra el proceso del creer en la diversidad de situaciones ante un Dios sorprendente y paradójico que abre caminos imprevisibles, desnuda de apoyaturas secundarias y hace posible ser y vivir desde ‘sus sueños y proyectos para la humanidad’. Situarse, dejarse situar, en esta comunión fascinante, sobrecogedora y dinámica inaugura un nuevo modo de ser humano.
Ante este Dios que en primer lugar es Acción y Acto son situados Moisés y los Profetas. Especialmente estos, en concreto Amos, Isaías y Jeremías, cautivados y en algún sentidos seducidos, son arrebatados por el ‘pathos’ de Dios, por su pasión hecha de amor, justicia, padecimiento, cercanía quemante y dinamismo engendrador. Las situaciones históricas y sociales evidenciaran con claridad meridiana todo intento humano por poner resistencias a la provocación de Yahvé. El Profeta leerá la realidad al modo de Dios y pronunciará su palabra, mera constatación de la Palabra por la que ha sido constituido, consciente de su responsabilidad superando las resistencias que lo asedian.
En el acto de revelación del Padre acaecido en el Mesías Crucificado. Contemplación del Crucificado. Esta tercera etapa más que un paso cronológico añadido a una serie es el acto radical y fundante de la Presencia del Padre en la Historia y en la Creación. En él Dios se hace, en algún sentido, el Dios de la Historia y de la Escatología mostrando el Acto de Donación y Generosidad en que consiste. Accedemos a este ámbito guiados por los textos paulinos, especialmente 1ª Cort. 1, 18-25; 26-31. El “logos de la cruz” frente a la sabiduría griega o a los signos judíos introduce en una nueva configuración que se muestra como alternativa a otros visiones del mundo, sobre todo aquellas que tienen como raíz el poder, el saber o el prestigio. El ‘Logos de la Cruz’ que brota del Mesías Crucificado muestra el Acto del Padre, su Pasión por la humanidad, que aquí hace y rehace a toda la humanidad. Es el acto de la nueva creación que asume a toda la humanidad, deshace en el amor al hombre viejo donando sentido y creatividad, constituyendo testigos, abriendo una hendidura en el orden establecido, permitiendo y posibilitando una comunidad alternativa que comienza por lo que no cuenta, por lo último y por ello inclusiva. Contemplar al Mesías Crucificado, el Hijo del Dios Vivo, es asistir a la Dinámica del Padre que constituye al Hijo como Nueva Creación realizando en él la asunción de la historia de la humanidad y creando testigos que viendo y oyendo son hechos presencia de su mismo dinamismo. El apóstol Pablo es bien consciente de esta nueva acción y de la presencia del Espíritu que ahora dinamiza desde el interior el acontecer de la historia. La comunión del Padre y del Hijo en toda su historia, con la dramaticidad que integra, se hace en la cruz también juicio y denuncia, provocación y compromiso, gestación y reconciliación. De ahí que reclama también comunidades carismáticas insertas en la pasión de Dios y por tanto compasivas y samaritanas, ámbitos en los que resuene el grito de las víctimas y la aflicción y el estupor ante este mundo que niega en la práctica la paternidad de Dios y la fraternidad realizada en Jesucristo.
La acción carismática del Espíritu como dinamismo histórico. Ha estado presente en todo el recorrido pero pedagógicamente era el momento de abordarlo directamente. El pueblo de la Biblia fue constituido por el acto permanente de responder a la irrupción de Dios, por la acción de su ‘ruah’. Éste fue creando este modo midrásico de existencia que consiste en acoger la revelación como momento creativo que se expresa en decir y hacer la permanente presencia de Yahvé. El Evangelio de Juan se nos presentó como clave interpretativa y paradigmática de los actos de Dios que Jesús encarna abriéndose el séptimo día a la acción de los discípulos.
El acontecer del Espíritu nos sitúa en nuestro hoy provocando la disponibilidad, el seguimiento de Jesús y la cooperación a la construcción de la Nueva Comunidad que brota del Acto de la Nueva Creación que el Padre está permanente ofreciendo a la Humanidad. De nuevo somos situados por la contemplación en el origen del cual brotamos y en el que consistimos. Se renueva la Alianza y constituidos en Pueblo por el Acto del Padre en el Mesías Crucificado somos enviados a la Historia con la fuerza del Espíritu. Esta dinámica hace de la Pasión de Dios el carisma primero y fundamental, el origen de toda peculiaridad.
Con sentido profético se nos invitó a señalar las peculiaridades de nuestro hoy, a confrontarnos con nuestras resistencias al Acto de Dios Padre y a explicitar las características de nuestra existencia contemplativa como modo de ser suscitado por la Pasión de Dios mostrada en el Mesías Crucificado. Un acto de acogida hecho oración y confesión, compromiso y sanación, disponibilidad y confianza, colocados ante el Dios que se nos da en la Historia y la Nueva Creación en el Hijo, culminó el camino hecho durante estos días.
La evaluación del encuentro fue muy positiva. Se resaltó el camino en el que está inmerso la congregación para decir de nuevo el carisma, como correspondencia al don de Dios; se valoró la presentación realizada insistiendo en el momento creativo en el que fuimos introducidos y el redescubrimiento de lo original y peculiar que ha de acompañar toda opción carismática. Confesamos en la fe que se hizo asombro y reverencia, silencio y contemplación, impacto y disponibilidad, al Dios Padre que es Acontecer amoroso, dinámico y gratuito en su Hijo, Mesías Crucificado, y Fuerza Creadora en su Espíritu.
José Luis Quintero