Curso Centro Forum de la Congregación de la Pasión

 

CURSO de renovación

San José, Monte Argentaro, 20-24 de octubre de 2004

 

 

La comisión para el Centro Forum de la congregación de la Pasión ha organizado un curso de contemplación bíblico– teológico del carisma pasionista, dirigido por el P. Octavio Mondragón.  El Centro Forum tiene su sede en el convento de San José en el Monte Argentaro.  Los días del 20 al 24 de octubre, participaron un grupo de religiosos de cuatro provincias italianas, religiosas (Hermanas de Signa, Mexicanas y Adoratrices) y laicos de la familia pasionista, italianos y mexicanos.

            El curso fue preparado por el P. Octavio como estaba previsto en la carta convocatoria, según un esquema que comprendía los cuatro puntos siguientes:

1.      La recuperación de una actitud contemplativa y de asombro, necesario y accesible a cada hombre. Aparece enseguida evidente cuanto esta actitud es importante en nuestra tradición;

2.      El descubrimiento del Dios viviente, el Dios de la Biblia, como Él se ha manifestado al pueblo Hebreo en el Antiguo Testamento y en la Iglesia del Nuevo;

3.      El momento cristológico, basado en el misterio pascual, en la contemplación del Señor Crucificado;

4.      Como conservar y recordar la memoria del Señor Crucificado (momento pasionista).

Puesto que el Centro Forum no se propone precisamente como un forum que provea documentos doctrinales del carisma, sino como un lugar de renovación, experimental al mismo tiempo teórico y práctico; el curso, dirigido por el P. Octavio, fue compartido por todos los presentes y todos lo recibieron de acuerdo a la riqueza de sus propias vocaciones, así fieles a la tradición teológica bíblica estuvieron en estupenda sintonía con los valores que constituyeron el fundamento del carisma pasionista.

            El curso  ha resultado muy bueno por la pedagogía y el arte del relator que ha sido capaz, casi mayéuticamente, de despertar en los presentes el asombro por las bases y las directrices irrenunciables que motivan y alimentan lo específico pasionista.

            La novedad ha estado en el hecho de que los participantes, religiosos, religiosas y laicos, se sintieron atraídos al mismo tiempo por la belleza, la riqueza y la actualidad del carisma pasionista, revisado a través del asombro contemplativo que suscita la Palabra de Dios en quien está contenido el Verbum Crucis.

            Si es verdad que el camino del Centro Forum se presenta como camino de la Familia pasionista en cuanto tal, entonces fue fácil a todos los presentes manifestar el deseo de conocer más el carisma de S. Pablo de la Cruz y de retomarlo en sus líneas de intuición original y de directrices programáticas, ante todo en la formación del pasionista, sea religioso, sea religiosa, sea laico, sea en la re-formación de la comunidad pasionista.

            El curso pensado por el Centro Forum y realizado por el P. Octavio, ha resultado propiamente bueno en este intento.  Pero evidentemente ha sido aceptado por todos como un inicio, como el descubrimiento de un camino sustancial de reestructuración teológico – espiritual y cultural, aspectos de los que tiene impostergable necesidad nuestra congregación en este momento de inicio del tercer milenio.  Además ha surgido la necesidad de unificar lo que el santo fundador ya unificó en su corazón: o sea hacer del carisma pasionista una riqueza compartida y propuesta por religiosos, religiosos – sacerdotes, religiosas, sean de vida contemplativa como de vida específicamente apostólica, sea de laicos, en el matrimonio y en el celibato y considerados en todos los estratos e identidades sociales, y en una confrontación inmediata y recíproca entre ellos.

            El curso se desarrolló en cuatro momentos formativos, siempre con buenos contenidos de Biblia, leída inteligentemente y con preparación.

 

1. El primer momento, lo contemplativo, sobre la realidad, sobre Dios, sobre la Palabra, ha llevado una de las inevitables recuperaciones de inteligencia estratégica del carisma:

 

El redescubrimiento del SILENCIO para ESCUCHAR, y por tanto de la SOLEDAD, que saca de la mediocridad y de la “trivialidad” en que ha amenazado caer la vida religiosa de los últimos tiempos.  ¿No es ésta, tal vez, la premisa propuesta por nuestro fundador para entrar en simpatía con el conocimiento de Dios y con el Dios de la Cruz  El silencio para la escucha y la soledad ¿no constituyen quizás el eje central exigido pedagógicamente por San Pablo de la Cruz a sus hijos?  Solo así el pasionista puede escuchar lo inefable, lo inefable de Dios, pero aún más, lo inefable de la Cruz y también lo inefable de la historia que, en sus sombras, es siempre símbolo que alude no solo a Dios, sino sobretodo a la Cruz que define a Dios en los acontecimientos humanos.  Solo en el silencio se puede, en efecto, prepararse a responder a las cruces de la historia, con la Cruz de Dios.  La memoria grata de la Pasión del Señor como terapia y salvación ofrecida a las cruces de los hombres y de la historia.

 

            El silencio es una iniciación al asombro de frente al simbolismo universal, te permite la escucha, y te hace desear la soledad “sonora”, una soledad nupcial que te llena de Dios y de sus lecturas e intervenciones salvíficas en la historia, también las del tercer milenio.  El silencio para la escucha y la soledad te hacen entrar en aquel asombro que se llena de percepción de la gratuidad.   Somos nada (POBREZA) y viviendo la Pobreza como otro modo del silencio, uno se abre, de la propia nada, al totalmente GRATUITO…se llega  al descubrimiento del Dios vivo.

 

2. El segundo momento, se refiere al encuentro con el Dios vivo, éste ha ayudado no solo a fijarse en Dios, sino a acoger la mirada de Dios en la historia, a través de la experiencia de fe – historia del pueblo de Israel.

 

            Así viene revelado un triángulo donde los tres lados tienen una relación inseparable entre ellos: Dios se presenta no solo ante  la mirada del individuo, sino también  del pueblo y de la comunidad que acoge a cada uno, y Dios da al pueblo su mirada en la historia.  Esto es, Dios- pueblo- historia, forman un triángulo en el cual los lados coinciden, el uno sobre el otro de modo indivisible en aquello que se llama Amor.  Dios amor se revela al pueblo en la historia y lo lleva a amar la historia.

 

            Jesús está dentro de este triángulo y reúne todos los lados, porque es Dios, se ha hecho pueblo, se ha hecho historia.  Entonces Jesús ha venido a decir que Dios es Amor en si mismo y lleva consigo las connotaciones de la Kénosis intratrinitaria, Jesús se llena del pueblo y Jesús salva la historia en el amor.

 

            San Pablo de la Cruz se ha extasiado en este triángulo,  lo ha experimentado y lo ha propuesto.

 

            La historia es caos y Cristo ha entrado en la historia, primeramente haciéndose caos, por eso ha podido ser salvador e imprimir una estrategia nueva de la relación Pueblo – Dios y pueblo – historia.

 

            Dios no salva con poderes mundanos, pero, entrando en el caos, salva con la  debilidad – la fuerza del amor.  Así el tiempo cíclico queda partido, el tiempo puede ser solamente tiempo pascual, es decir determinado, en línea directa, por la cruz.

 

            Quien contempla a Dios, ahora lo hace como comunidad, (la Comunidad pasionista) y como comunidad absorbe los criterios de debilidad para bajarse al caos de la historia. Vale decir, que el pasionista con la mirada contemplativa puesta en el Dios de la Biblia, no puede no asumir hoy la misma intuición de San Pablo de la Cruz: Dios ha salvado la historia imprimiéndole los criterios salvíficos del amor y de la cruz.

 

            La comunidad pasionista y el pasionista en su comunidad, se convierten en  testimonio desde su ser y desde su cultura apostólica de un “mens” para las antípodas y la prepotencia del mundo.

 

3. El tercer momento es el de la contemplación del Crucificado.

 

Este momento  ha sido alimentado por una lectura perspicaz de la Primera carta a los Corintios, revelando así el corazón de la cultura de San Pablo que expone a Cristo como el único centro de atención cristiano y humano, poniendo en evidencia que el Crucificado no es parte de la teología de la cruz, sino más bien es la cruz de cada teología, de cada espiritualidad, de cada conducta cristiana y de cada conducta humana.  Sin el crucificado como centro tenemos solo opiniones y anuncio de divisiones.  La unidad se hace a partir de la mirada contemplativa del Crucificado.  Y estupendamente se ha destacado que la Pasión de Jesús es, ante todo, la Pasión del Padre. El  pathos del Padre es la única fuerza con la que Dios entra en contacto con el mundo y con la historia.  Antes de Jesús es el Padre quien sufre. (Aquí estamos muy lejanos de los términos patrísticos de la pasión “patripasianos”). Si Jesús sufre, tal sufrimiento es parte del “trabajo” del padre, que Jesús retoma en sí mismo (Cf. Jn 5, 16-18) Contemplar la Pasión, significa, descubrir también la Pasión como puerta al Padre que sufre y ama (ésta es una reflexión que desea hacer de modo orgánico la cátedra Gloria Crucis en estrecha amistad con el Forum).

 

            La meditación de la Pasión también se traduce en Pro – vocación, esto es, en una vocación a compartir la Compasión de Dios Padre.  Jesús sufre, vive el caos de la historia y lo lleva al Padre para la salvación.  ¡El pasionista está llamado a replantear fuertemente la teología de su vocación, en cuya base está el compartir del mismo compartir que Jesús ha hecho del pathos del Padre!  Una vez más se ha resaltado el momento contemplativo de la vida pasionista que debe ser urgentemente recuperado bajo pena de esterilidad de cada reestructuración e inculturación.

           

En este punto, propio para la lógica triangular, Dios- pueblo- historia, en cuyo medio está Jesús Crucificado, no podían faltar las reflexiones urgentes sobre el tenor de vida de una comunidad, la comunidad pasionista, que debe desistir del modo de pensar y de vivir el “sarkikoi”, es decir, la carnalidad y la mundanidad, para asumir una conformación pneumática, según el Espíritu.  Aquí nos ha ayudado la antropología pneumática de  1Cor 2 que sigue la cruz de la teología de 1Cor 1, 17-25. Sólo siguiendo y testimoniando una antropología pneumática en nuestra comunidad, ésta se convierte en casa por los otros, espacio alternativo a la mundanidad e inicio de un mundo evangélico. 

El pasionista o los pasionistas, antes de hacer cosas, deberían representar efectivamente el modus vivendi de la antimundanidad.

            Los presentes en el curso se sintieron estimulados a remirarse y a mirar la marcha actual, un poco generalizada, de nuestra comunidad.

 

            4. La cuarta fase o momento ha sido aquel reservado, finalmente a las consecuencias  de los tres momentos previos aplicados al carisma pasionista.

            Con documentación bíblica abundante, se trató en particular el Evangelio de San Juan, se explicó la categoría fundamental del carisma, aquella de ser discípulo.  Quien sigue a Jesús como discípulo llega al Origen, al arco fundamental de todo y al centro unificativo de la identidad.  El evangelio de San Juan parece estar especializado en la categoría de “la sustitución”. El templo de Jerusalén sustituido por Jesús mismo, nuevo templo  y definitiva morada del Padre. Así es Jesús que en su escuela introduce a los discípulos a la novedad. A través de los siete signos señalados por San Juan, surge que Jesús ha deseado llevar a los discípulos a “ver”, a través del escuchar y el creer.

 

            Entonces el carisma pasionista es un don que se ofrece a toda la comunidad pasionista en la medida en que se sumerge en la escuela, que se vuelve una escuela de discípulos de Jesús, que aprenden como Él a conocer el comportamiento del Padre, como el Padre salva.  La comunidad no es una categoría sociológica, es decir, no es un grupo de personas que tratan de llevarse bien.  La comunidad es una escuela de discípulos que buscan el camino del Padre, el mismo camino que el Padre ha señalado con la cruz del Hijo.

 

            En la Cena de despedida, Jesús ha dejado a sus amigos el testamento del amor.  Y el amor es crear un espacio de vida nuevo que permita también a los otros  vivir.  En otras palabras, los discípulos, a través de Jesús han descubierto la ontología del Padre, la ontología de Dios, es decir la compasión por los hombres.  En la comunidad pasionista, en un alto nivel de concentración contemplativa (por esto el fundador pedía estar mucho a los pies del Crucificado donde se aprende toda ciencia), se aprende la ontología de la compasión de Dios, se aprende el pathos de Dios, como lo ha aprendido y vivido Jesús en la cruz.  Una vez más, es la constancia a los pies de Jesús Crucificado la que extiende los confines de nuestra cultura y ofrece el derecho a la creatividad para darle cuerpo, como ha hecho Jesús, también nosotros, al pathos con el que Dios ama a los hombres y desea su salvación fundamental, no simplemente las salvaciones categoriales (Cf. Sn. Jn. 3, 16)

 

            Una imagen conclusiva nos fue dada a partir de San Juan 15: la parábola de la viña y de los sarmientos. Jesús es la vid, los sarmientos los discípulos, los frutos son los signos de la vida nueva, signos de salvación producida por la compasión de Dios y compartida por los discípulos de Jesús.

            Se pueden producir frutos según el carisma de la compasión de Dios para un mundo por salvar con la memoria de la Pasión de Cristo viviendo esencialmente unidos con Jesús y en Jesús.  En ayuda a esta operación espiritual y cultural esta concuerda Rom 12,1-2: una comunidad que se hace sacrificio vivo, santo y agradable a Dios no compartiendo los esquemas de este mundo.  De este modo se contribuye a la realización de la propia libertad, de la libertad de todos y de la misma creación.  Una antropología señalada por la cruz produce una mirada contemplativa y culturalmente operativa sobre las cosas, sobre la creación y sobre la historia.  En efecto también la creación espera la libertad de los hijos de Dios y las consecuencias del carisma pasionista (Cf. Rom 8)

 

            Pero siempre y todo depende del origen, es decir de la mirada contemplativa sobre Dios, sobre la ontología de la compasión de Dios que se derrama sobre la historia en el punto clave del amor crucificado del Hijo.

           

¡En el curso ha emergido fuertemente el  redescubrimiento de la oración en nuestra congregación! La familia pasionista quiere ser y moverse bajo esta mirada.

 

            Esta es la reestructuración urgente a realizar, antes todavía de aquella que se va imponiendo, la reestructuración geográfica, numérica y territorial en la ciudad y también  del modo en que habitan los pasionistas y la familia pasionista.

 

            La atmósfera del curso ha sido simple y familiar.  Hubo una bella y sincera fraternidad entre los diversos miembros participantes.  Hubo una particular intensidad en el momento expositivo, pedagógicamente muy eficaz.  Si hay una nota que hacer es que la oración comunitaria ha estado limitada solamente a la Eucaristía vespertina. Sin embargo el tiempo de la escucha y de la fraternidad, a partir de las sugerencias ofrecidas, se percibieron también como oración.

 

            Esto, duró intensamente solo cuatro días, pero merecería, un proceso de reexaminación lenta y de asimilación, por lo menos, de tres meses.  ¡Por aquí podría estar la tarea de Betania, donde el pathos de Dios por los límites humanos, está presente en esta casa, es un fin demasiado evidente!

 

P. Gianni Sgreva cp

Gerusalemme – Betania, 30 novembre 2004