PROYECTO "CENTRO-FORUM"
El Grupo de Reflexión sobre el Centro-Forum tuvo su primera reunión, presidida por el Superior General, Ottaviano D Egidio, del 3 al 5 de enero [2002] en Roma. Se supone que los Sinodales han tenido la oportunidad de leer las Actas de esa reunión. Por eso, hoy nos limitamos a exponer las conclusiones fundamentales del Grupo de Reflexión sobre el Proyecto Centro-Forum.
La Recomendación del 44° Capítulo General dice:
"La Congregación promueve, a todos los niveles, el estudio sobre el significado bíblico, teológico, sociológico y pastoral y las implicaciones para la Familia Pasionista de la Memoria Passionis. El Consejo General queda invitado a estudiar las posibilidades de coordinación, instituyendo un Centro-Forum de profundización de la Memoria Passionis".
Y entre las Líneas de Acción del Carisma Pasionista proclama:
"Junto con las comunidades, provincias, viceprovincias y vicariatos queremos trabajar para conseguir una comunicación que nos lleve a compartir experiencias de pasión por la vida, para apoyarnos y enriquecer el proceso de conversión carismática partiendo de la multiplicidad cultural de la Congregación y de la Familia Pasionista, siempre en la perspectiva de nuestra misión".
En respuesta al Capítulo General el Grupo de Reflexión propone:
l.- La Formación Permanente como necesaria para todos los miembros de la Familia Pasionista.
2.- Elementos esenciales:
2.1.- La Formación Pasionista que debe darse en un contexto común de oración, estudio, reflexión y misión,
2.2.- La identificación de los textos claves, poniéndolos a disposición, lo más pronto posible, por medio de talleres sobre las narraciones de la Pasión, la espiritualidad pasionista, la vida y las cartas de S. Pablo de la Cruz.
2.3.- Respecto a la Memoria Passionis, proponemos un Proceso Formativo, desarrollado en cuatro etapas:
2.3.1- Una mirada contemplativa de la realidad, que tiene lugar en silencio y soledad..
2.3.2.- Una lectura contemplativa de la Palabra de Dios (lectio divina), comenzando con textos claves tomados del Antiguo Testamento y siguiendo con la historia de la salvación.
2.3.3.- El encuentro con el Dios Vivo, que se da a través de Jesús Crucificado. Reconocemos que el seguimiento de Jesús tiene muchas dimensiones (ética, política, eclesiológica, antropológica, espiritual).
2.3.4.- El Carisma Pasionista tiene diversas formas de expresión (ordenación, profesión religiosa, laicado, soltería) pero una sola misión, conservar viva la memoria de Jesús Crucificado.
2.4.- El método de reflexión teológica sugerido es esencialmente dialéctico: de la experiencia a la reflexión, a la luz de texroa y temas claves, y retorno a la esperanza.
3.- Respecto al Monte Argentario:
3.1.- Tenemos la esperanza de que esta comunidad ofrezca oportunidades formativas que complementen lo que ya existe en los distintos contextos locales y grupos lingüísticos.
3.2.- Apoyamos y animamos el desarrollo de la comunidad de San José. Como una ayuda para este desarrollo, podría ser beneficiosos para José Agustín Orbegozo visitar los lugares donde ya hay experiencias de comunidades mixtas en la Familia Pasionista.
3.3.- En cuanto lugar de formación, se espera que alguna experiencia del Monte Argentario pueda ser parte de la formación inicial de los profesos pasionistas, y que sea un lugar de peregrinación para la entera Familia Pasionista.
Como se desprende de este esquema inicial del Proyecto Centro-Forum formulado por el Grupo de Reflexión, la Memoria Passionis constituye el punto nuclear de todo el Proceso Formativo al que se invita a toda la Familia Pasionista. Por eso, explicitamos más ampliamente el contenido y las características de las cuatro etapas del Proceso Formativo sobre la Memoria Passionis.
2.3.1. - Mirada contemplativa de la realidad en silencio y soledad.
Más que un momento vital, propio de los seres humanos, es un objetivo a lograr en la medida que puede constituirse en un modo de existencia. Una existencia cuajada de silencio y soledad donde se cultiva el asombro que es la esencia primera de la contemplación.
Este primer peldaño del proceso formativo recupera un conjunto importante de valores de nuestra tradición carismática pasionista. Lo primero que busca recuperar es la dimensión contemplativa de la realidad. La realidad es reveladora, es un signo abierto y lo que se quiere lograr no es precisamente el conocerla o dar razón de ella, tampoco hacer diagnósticos, sino aprender a reverenciarla habiendo pasado por la experiencia de lo inefable que ella misma esconde y revela.
La reverencia es una de las respuestas de los seres humanos ante la presencia del misterio que nos sobrepasa y del cual la realidad misma es signo, alusión y pregunta.
La grandiosidad del mundo, la fuerza irresistible de la vida, la inmensa maravilla que se revela en todo, sea grande o pequeña, la fuerza destructiva del dolor y del sufrimiento, el acuciante aguijón de la tristeza, los gritos de la aflicción, la no manipulable y angustiosa sensación de sentirse ajeno, el agudo dolor por la presencia del mal en el mundo, en las cosas, en nuestra persona y en nuestro cuerpo, la gracia desbordante de la vida humana hecha rostro y cultura plural; todo ello y mucho más es el ámbito de la realidad a la que hay que entrar con los pies desnudos, descalzos y con el corazón en vilo.
El silencio, valor fundamental de nuestra tradición, pero derecho y facultad universal de todos los seres humanos, no consiste inmediata y propiamente en estar callado; es mucho más. Es el modo primigenio de reaccionar ante el misterio; no se trata tanto de un acto voluntario puesto por mí sino de la reacción que nos provoca el misterio una vez que se percibe el perfume y el aleteo de su venida hasta nuestra persona.
El Silencio es un acto de reverencia ante lo sublime.
La soledad, otro valor importante de nuestra tradición y, de nuevo, derecho y capacidad de todos los seres humanos, no es delimitación geográfica. Es cavar hondo hasta encontrar nuestras raíces, aquellas que se hunden mucho más allá de nuestra individualidad.
La soledad descubre los obligados extrañamientos y las radicales pertenencias. Por supuesto que hay soledades enfermizas, otras obligadas, muchas opresoras de las cuales se tiende a huir como de una sombra ominosa; pero aún así el camino de la comunión última pasa por el cultivo de la soledad.
La soledad como actitud vital descubre un cierto extrañamiento ante lo aparente para lograr descubrir lo alternativo. Cuando entramos por los caminos de la soledad vamos aprendiendo a estar presentes, radicalmente presentes. Por ello mismo, la soledad es el camino de otra forma de estar en comunión. Soledad en silencio y en contemplación es una trilogía para que el mundo pueda ser acogido en la primera evidencia, aquella que lo descubre como misterio sobrecogedor.
En la soledad la persona es marcada por las muchas voces de la realidad, es una forma purificadora de las apariencias; algunos autores la describen corno la purificación de los sentidos de tal manera que uno pueda llegar a un sentimiento mayor: la maravilla de sentir.
Cerrando esta primera parte podríamos decir que la contemplación de la realidad en soledad y en silencio es el caldo de cultivo de toda creatividad.
2.3.2 - Lectura contemplativa de la Palabra de Dios.
Desde el principio es importante decir que la lectura de la Palabra de Dios, de los textos de las Escrituras Santas, en su verdadera radicalidad consiste en descubrirse como interlocutor con Dios. No existe mayor dignidad para todos los seres humanos que el ser admitidos al acontecimiento de la interlocución con Dios.
Los modelos bíblicos en este sentido son inmensos, baste recordar en este momento la enseñanza de Elí al pequeño Samuel: Y si te llama alguien, dices: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".
Así de sencillo, pero así de imponente. Si en algún momento de nuestra vida personal y comunitaria podemos experimentar la entrada en la interlocución con Dios, entonces la mejor respuesta sería: " Señor, sigue hablando" porque mientras Él siga hablando estamos llenos de vida, implicados en la mayor de las comuniones y atentos a aprender a pronunciar el mundo y la vida desde lo que Dios desea y propone. Sublime acto de atenta humildad en el gozo de una comunión gratuita que crea el acontecimiento de la Palabra.
Aunque parezca extraño, sin embargo, es profundamente cierto que tal acontecimiento es un acontecimiento salvífico. Este acontecimiento sucede a través de la lectura de los textos de la Sagrada Escritura. El acceso a los textos debe ser un acercamiento que recupere los mejores resultados de los esfuerzos exegéticos, es decir, un acercamiento crítico.
Por otra parte y de no menor importancia está el hecho de que existe otro modo de leer e interpretar la Escritura Santa: La Lectio Divina. La Lectio Divina no es una forma devocional de acercamiento a los textos de la Biblia; es un camino de lectura contemplativa de la Biblia adoptando las actitudes consecuentes ante el mismo texto: Lectura, Meditación, Oración, Contemplación.
Ante esto, es bueno remarcar que para toda lectura de la Palabra de Dios se requiere de un método. Desfavorable para el propósito formativo sería realizar una lectura fundamentalista o literal de los textos de la Biblia, lo cual es muy común.
La lectura contemplativa de la Palabra de Dios implica igualmente que sea una lectura que ilumine de forma nueva la vida carismática pasionista_ En ese sentido, sería muy importante que el recorrido por los textos del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento se realizara bajo el foco de la Pasión de Yahveh por su pueblo, de la Pasión de Jesús por el Reino, de la Pasión del Espíritu en la comunidad de seguidores de Jesús al servicio de todos los seres humanos.
No estaría por demás asumir el aporte del documento de la Comisión Pontifica Bíblica sobre la interpretación de la Biblia en la Iglesia, en cuanto al estar abiertos y dispuestos ante otros modos de lectura de la Biblia, ante otras voces y ante el conjunto del uso que se hace de la Biblia en muchos renglones de la vida de la Iglesia.
2.3.3 - El encuentro con el Dios vivo a través de Jesús, Mestas Crucificado.
En Jesús, Mesías Crucificado, se nos revela el Padre. Este momento formativo significa hacer la experiencia específicamente cristiana y carismática del Dios de Jesús. Quien Ileva a cabo este camino de acceso a la presencia del Dios Vivo revelado en Jesús es el Espíritu Santo. Un primer momento fundamental es el de la confianza: el haber sido fascinados y consternados por la presencia viva de Dios que se traduce en confianza para dejar que la existencia personal y comunitaria, personal y social, encuentren sus raíces y su verdadera pertenencia.
Es un momento de purificación, de entrega, de liberación integral; el ser humano es redimensionado en la presencia del Dios vivo. Este momento de sentir que la existencia es transformada. es un acontecimiento que permanece para siempre como columna vertebral de toda la vida y de toda actuación; normalmente se le suele llamar conversión.
Este acontecimiento de acceder a la presencia del Dios vivo y verdadero produce una inmensa alegría y una paz sin limites que se traduce en disponibilidad.
El segundo momento es el de la comunión dinámica, de la alianza. Sucede entonces, que fascinados por la presencia y forma de actuación de Dios, se entra en una especie de apasionamiento por lo que Dios mismo hace y desea. Es conjunción de voluntades y proyectos, es sentir que por fin la vida ha encontrado el mejor cauce de expresión. De una manera. específica se reconoce que nuestra existencia personal y comunitaria está bajo el signo del requerimiento: somos requeridos para que en comunión dinámica de alianza con Dios vuelvan a acontecer las paradójicas maravillas de Dios.
Entonces acontece aquello tan nombrado en nuestra tradición carismática, basado en la experiencia de Pablo de Tarso, de conformarse con El Mesías Crucificado; que el Mesías Crucificado tome forma en nosotros, es decir, que vayamos viviendo un modo de existencia donde se refleja la forma de existencia que llevó a Jesús a morir Crucificado.
En palabras fuertes, se trata del Seguimiento de Jesús, del proseguimiento de lo que Jesús marcó, como forma de existencia y como proyecto catalizador del ser y del actuar.
El seguimiento de Jesús es un modo de existencia en la historia común y por ello va creando en nosotros un ser humano nuevo en relación.
Este seguimiento adquiere diversas dimensiones que hacen de la persona un mundo nuevo, es decir, se logran percibir las consecuencias en el ámbito ético, político, social, antropológico, eclesial y espiritual. "Revestirse del hombre nuevo para ser nueva creación y testimonio de la nueva creación del Espíritu"
El conjunto de las expresiones de la vida humana personal y social adquiere dimensión carismática y el carisma adquiere dimensiones histórico teológicas.
La familia pasionista nace como tal: como Familia Dei en el seguimiento de Jesús. Me parece que es el momento fundante de aquello que nos hace soñar como comunidad abierta porque solamente así se refleja la reconciliación que Jesús Crucificado va realizando como reconciliación de lo diferente para que aparezca el ser humano nuevo.
Este es un momento central que nos puede constituir en verdadero testimonio y celebración de la Pasión de Dios y de la Pasión del Mesías Crucificado.
2.3.4. - El Carisma Pasionista tiene muchas formas de expresión, pero una sola misión: Mantener viva y vigente la Memoria de Jesús Crucificado en la historia común.
El carisma pasionista se convierte en un modo de existencia comunitaria y testimonial, recreador y misionero.
Entonces es cuando uno logra definir aquello que en la Biblia aparece como relatos de Vocación Profética. Cada uno de los participantes logra definir su vocación, como gracia de Dios y acción del Espíritu ante el deseo del Padre, o bien, vuelve a reconstituir su vocación en la perspectiva profética.
Es el momento del discernimiento espiritual e histórico para darle a la vida la dimensión de misión. La misión carismática pasionista es única: mantener viva y vigente la Memoria del Crucificado, es decir, mantener viva y vigente la Pasión de Dios, la Pasión del Mesías Crucificado por la vida y por la vida que no se marchita.
Es cuando la vida adquiere una profunda dimensión de gratuidad: se escoge una determinada forma de vida sin la cual la vida humana no sería vida. Es un momento definitivo y definitorio de aquello que antiguamente se llamaba estado de vida y que, de acuerdo al concilio, se refiere a darle forma precisa a la vocación común a la Santidad de Dios.
Nacen los proyectos concretos, desde la defensa de los derechos humanos hasta la vida contemplativa; todos esos modos de existencia son misión. No la que nosotros queremos sino la que el Espíritu requiere hoy para. nuestra humanidad en el momento y ambiente histórico en que nos tocó vivir y participar como testigos de lo último y definitivo.
Es cuando nuestra historia, nuestra frágil historia, puede convertirse en cultivo de lo eterno.
Nos emociona pensar a la Familia Pasionista bajo un mismo carisma y con una misma misión como pueblo en marcha, como Éxodo, como Pascua de Dios y de la Familia Pasionista en la historia.
Conclusión
Estos cuatro pasos o etapas del Proceso Formativo requieren de la participación de todos los miembros de la Familia Pasionista. No se trata de un grupo que dice y otro grupo que aprende; se trata de la aventura de la fe en comunidad.
El mismo método de realización debe dar cuenta de la fuerza creadora y propositiva, de la capacidad reconciliadora y proyectiva del carisma pasionista.
En este sentido, el ambiente, el método y la forma de participación podrán ser ya en sí mismos experiencia carismática que marque la vida de una vez por todas.
Las experiencias fundantes empujan a la creatividad, a la reflexión, a la propositividad. Desde este momento formativo en el Espíritu del Mesías Crucificado nacerán las nuevas formas de vida pasionista que logren ser un servicio a la Iglesia, pueblo de Dios, y a todo ser humano que sienta que la vida no pueda ser vivida sin pasión. Una vida sin pasión no es digna de ser vivida.
Grupo de Reflexión sobre el Centro-Forum